¿Qué quieres soñar esta noche? 11 propuestas para elegir

“Si el sueño fuera (como dicen) una tregua, un puro reposo de la mente, ¿por qué, si te despiertan bruscamente, sientes que te han robado una fortuna? (Borges)

“Si el sueño fuera (como dicen) una tregua, un puro reposo de la mente, ¿por qué, si te despiertan bruscamente, sientes que te han robado una fortuna? (Borges)

¿Qué hacía el pescadero en mis sueños? No llegaba a tiempo de recoger la merluza que había encargado. Y ¡soñé con el pescadero —con mirada aviesa— afilando cuchillos! Me desperté sudando, como si escapara de Freddy Krueger. ¿Cómo se coló esa imagen en mi cabeza? En un test de inteligencia soñadora, mi puntuación estaría por los suelos. Hay quien sueña obras de arte, teoremas matemáticos, poemas épicos, aventuras en la selva —sin rasguños— y yo me paso la noche corriendo porque no llego a la compra. ¿Qué falla? ¿Puedo cambiar el guión?

Hombres y mujeres soñamos distinto y, atentas, porque nosotras soñamos peor. La psicóloga británica Jennie Parker, en un famoso estudio con 200 voluntarios, sacó esta conclusión: las mujeres tienen pesadillas con más frecuencia que los hombres, y muchos más sueños angustiosos que ellos.

Los malos sueños de las mujeres se agruparon en tres categorías: amenazas, confusión y desamor. Incluyen, además, designios de mala suerte y percepciones negativas de una misma. Otro estudio, del Dr. Mark Blagrove de la Universidad de Swansea, investigó las noches de 100.000 personas, y encontró que los sueños masculinos incluyen con más frecuencia coches, armas, violencia, y “extraños” (casi siempre, otras mujeres). Los de las homínidas, generalmente, duran más, y suelen colarse más detalles domésticos (que se viven con angustia) y caras familiares (mi pescadero).

Hay un momento exacto mientras dormimos que es cuando se abre la gelatinosa puerta al más allá: la fase REM. Nuestro cuerpo se queda inmóvil, sin embargo, el cerebro se activa a lo bestia salvo en las áreas en las que impera la lógica. La razón pierde su pesado peso diario y en nuestra mente cabe cualquier objeto, emoción o experiencia libre. Justo en ese instante podemos ser, sentir o vivir lo inesperado: amasar las garras de un ogro, el abrazo de un titán, o elaborar una infinita lista de la compra. Pero, ante tantas posibilidades, ¿por qué el pescadero?

Si soñar es un potencial humano, una capacidad similar a la memoria, ¿se podrá entrenar? Sacar mejor nota en un test de sueños merece un esfuerzo.

Decidí buscar las propuestas científicas para que crezca el músculo de los sueños y, así, que mientras dormimos seamos lo que queramos. Encontré guías para sueños lúcidos, máscaras que advierten de la llegada de los sueños, y, claro, el primer uso publicitario de una ensoñación:

La semana pasada, la agencia de publicidad BBDO, en  Alemania, mostró un método para emitir publicidad directamente en la cabeza de los pasajeros del tren mientras duermen. Lo ha puesto en práctica en el trayecto de Munich a Westfalia. Al apoyar la cabeza sobre el cristal del vagón, los entregados a Morféo reciben vibraciones de alta frecuencia que salen del cristal, se trasfieren por los huesos del cráneo, y el mensaje se “sueña”. En este caso, lo que BBDO agrega es publicidad de un móvil.

Hay cada vez más investigaciones que exploran la idea de diseñar nuestros propios sueños, amplificar y dirigir esa neblinosa capacidad. Deirdre Barrett, psicóloga de la Universidad de Harvard, llama a su propuesta “incubación de sueños” . La exploró pidiendo a estudiantes voluntarios que resolvieran enigmas mientras dormían. Un 25% lo consiguió. Mark Balgrove propuso agregar experiencias físicas, como salpicar agua al dormido y, así, hacer que en su sueño aparezca, por ejemplo, un océano. Ambos se basan en la idea de convertir el caos de imágenes que crepitan a lo loco en un guión controlado. Lo llaman sueños lúcidos y está comprobado que, quienes los controlan, pilotan su cerebro de un modo distinto. Hay algunos experimentos que demuestran su utilidad para personas que acumulan exceso de pesadillas.

El primer paso es aprender a darte cuenta de que estás soñando, pero sin despertarte. Si te ves flotando en el aire, pues puedes hacerte “casi” consciente de que eso es un sueño. A partir de ahí, la idea es guiar tu vuelo para sobrevolar tierras remotas, o visitar al vecino. Lo que quieras. Stephen Laberge, matemático y una lumbreras onírico, desarrolló una máscara que detecta los movimientos oculares rápidos, los que se producen en la fase REM. La máscara emite una luz brillante que atraviesa los párpados, sin despertarnos, y es como un indicador, una señal que te advierte que eso raro es un sueño para que, a partir de ahí, tomes los mandos y te lances a conducir tu propio Enterprise.

Borges (un maestro en sueños) anotaba los suyos cada mañana al despertar. Y esa es otra de las prácticas recomendadas por los coaching oníricos. Borges: “Cada mañana, cuando despierto, recuerdo sueños y los grabo o los escribo. A veces me pregunto si estoy dormido o si estoy soñando. ¿Estoy soñando ahora? ¿Quién puede saberlo? Nos soñamos unos a otros todo el tiempo. Berkeley afirmaba que Dios era quien nos soñaba. Tal vez tenía razón… ¡pero cuán tedioso para el pobre Dios! Tener que soñar cada grieta y cada mota de polvo en cada taza de té y cada letra en cada alfabeto y cada pensamiento en cada cabeza. ¡Debe estar exhausto!”

Y bien, puede que todo esto sea un cuento y, por más que entrene, el pescadero siga afilando cuchillos enredado en mi almohada, y, además, se ría de mí, pero, ¿y si funciona? Elegir un sueño para esta noche, la verdad es que me parece un planazo.

Entregada a la posibilidad de una aventura, he seleccionado mis 10 favoritos entre los sueños famosos, y, para hoy, elijo el primero: voy a lanzarme en un trineo rojo a la velocidad de la luz. Igual no vuelvo.

 

  1. Viajar en un trineo a la velocidad de la luz: “Montaba en un trineo y, mientras descendía, se aproximaba a la velocidad de la luz. Las estrellas se veían distorsionadas y se trasformaron en maravillosos colores y formas”. Es el sueño que inspiró a Eisntein la teoría de la Relatividad.
  2. Átomos con forma de serpiente: Es posiblemente el sueño más famoso de la ciencia. Largas filas de átomos girando y entrelazándose. El caos quería encontrar un orden y, finalmente, apareció la forma de una serpiente que engullía su propia cola. Friedrich Kekulé había soñado la estructura cíclica o anular de los compuestos aromáticos, como el benceno.
  3. Robots en la Luna. Bruce Dramer, de la NASA resolvió e l problema de hacer una base permanente en la luna para proteger a los astronautas de la radiación y obtener material de la superficie lunar. Una noche, soñó robots a bordo de una nave espacial que construyeran la base antes de que llegaran los astronautas. Al despertar, empezó a armar el proyecto.
  4. Un desfile en una Catedral. Marilyn Monroe, tenía un sueño recurrente. Se veía a sí misma al entrar en una catedral, bañada en luces, como una diosa. Al llegar, todos los feligreses miraban al altar, pero, al verla, giraban la cabeza y la contemplan con adoración mientras ella continúa caminando.
  5.  Encontrar un tesoro. Sófocles relata que vió en sueños a Heracles dándole indicaciones: le explicó con precisión en qué lugar habían escondido unos ladrones una copa de oro robada de un templo.
  6. Una melodía de éxito: Así relató Paul McCartney el origen de Yesterday: “Soñé que había un piano de pared a mi lado, a la derecha de la cama, junto a la ventana. Me senté frente al piano  y empecé a tocar notas. Sonaba bien. Tenía lógica. Desperté con esa melodía en mi cabeza. Pensé: “Yo  nunca he escrito algo como esto antes. Era una melodía perfecta, y la tenía!! Así nació Yesterday.
  7. La pócima milagrosa. Madame C.J.Walker aparece en el Guinness de los Récords como la primera mujer americana que se hizo rica por sí mismas. Madame Walker tenía una infección que le hacía perder el pelo en 1890. En un sueño, encontró un remedio capilar que la llevó a fundar una compañía de cosméticos que la hizo rica. Así lo contaba: “En aquel sueño, un hombre negro apareció y me contó que tenía que mezclar para echármelo en el pelo. Algunos de los remedios eran africanos, pero pedí que me los enviaran, los mezclé, los puse en mi cabeza y el pelo creció más fuerte que nunca”.
  8. Diseccionar una rana. Otto Loewi, premio Nobel de medicina en 1936, quería demostrar que la transmisión de información entre neuronas no solo tenía un componente eléctrico, sino que también había transmisión química. ¿Cómo demostrarlo? Loewi soñó el experimento que le dio el Nobel. “A las seis de la mañana me desperté, encendí la luz y tomé unas notas en el papel. La siguiente noche, a las tres de la madrugada, la idea volvió. Era el diseño de un experimento que llevaba 17 años persiguiendo. Me levanté inmediatamente, fui al laboratorio y comencé a experimentar con el corazón de una rana siguiendo las instrucciones de aquel sueño nocturno”.
  9. El mejor monstruo de la historia. Mary Shelley, autora de El monstruo de Frankenstein, se inspiró en un sueño. “Apoyé la cabeza sobre la almohada, y no podía dormir. Al fin cerré los ojos y ví como un estudiante de artes estaba arrodillado ante las piezas que había reunió y con las que había dado forma a  un fantasma horrible. Al lado, había mecanismos que le habían servido para darle la vida. Me recorrió un escalofrío de terror, la idea del fantasma no podía salir de mi cabeza. ¡Oh! Si pudiera yo asustar a mis lectores tanto como aquel sueño me había asustado a mí!”.
  10. Que tu cuerpo sea la prolongación de un hotel. Eso es lo que propone Murakami en el comienzo de su novela Baila, Baila, Baila. “A menudo sueño con el Hotel Delfín.Yo estoy en ese sueño. Es decir, “formo parte” de él como una especie de circunstancia continua. El sueño revela de manera manifiesta que pertenezco a la continuidad del sueño. En éste, el Hotel Delfín está deformado. Es más achatado y largo. Tanto que, en lugar de un hotel, parece un larguísimo puente techado. El puente se extiende desde tiempos pretéritos hasta los confines del universo. Y yo estoy en él. Allí, en ese hotel, hay alguien más, alguien que derrama lágrimas. Las derrama por mí. El hotel me envuelve. Percibo con toda claridad sus latidos y su calor. En el sueño, yo soy una parte más del hotel.
  11. La visita de un halcón. Leonard Da Vinci consideraba este sueño como un preludio del interés por volar que presidió toda su vida: “Estaba en mi cuna y un gran halcón aterrizó sobre mí, me abrió la boca con la cola y sus plumas acariciaron varias veces el interior de mis labios. Era una señal de que yo iba a investigar el vuelo durante toda mi vida”.
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