9 gigantas bellas

Collage del artista polaco Franz Falckenhaus.

Collage del artista polaco Franz Falckenhaus.

–¡Eres grande!
–¿Cómo de grande? –pregunta ella.
–¡Eres una giganta!
Hay a quien las gigantas le dan miedo. A Gulliver, las que encontró en su segundo viaje le parecieron terribles amenazas. A mí me gustan las gigantas, porque creo que “la belleza es siempre algo raro”. La frase se la he copiado a Baudelaire ―no creo que un poeta se moleste―. El francés le escribió un poema a una giganta que incluyó en Las flores del mal.  La suya tenía unas rodillas sensuales y enormes, y se podía descansar a la sombra de sus senos. Pero hay pocas gigantas bellas. En la mitología escasean si se compara con la abundancia de gigantes macho descritos en los mitos de todas las culturas. Y esas pocas gigantas imaginadas no son como la de Baudelaire.

Está Hela, o Hel, una giganta nórdica, hija del dios Loki y de la también giganta hechicera Angrboda.
Su cuerpo era hermoso, pero no del todo: la mitad inferior era la de un cadáver. El reino de Hela, más allá de una frontera de brumas, acoge a todo aquel que muere sin virtud.

En los textos que hablan sobre el dios Krisna (el Mahabharata) habita una demonia giganta que tramó matarle. Se llama Putana. Putana disminuyó su tamaño para hacerse pasar por una aldeana y amamantar a Krisna. Untó sus pezones con un veneno, infalible, salvo si eres un dios. Krisna succionó la leche, y algo más: el “aire vital” de Putana. Antes de morir, la demonia recuperó su estatura real, varios cientos de metros de altura. Cuando se desplomó, aplastó un bosque entero.

Quizá la escasez de gigantas mitológicas tenga que ver con que las homínidas, vistas desde fuera, somos pequeñas, de menor tamaño que los machos, y esto es también una bella rareza. No siempre es así. Las adolescentes son gigantas compañeras de pupitre, y en la mayoría de las especies la hembra es de mayor tamaño que el macho, aunque cueste destacar que esa “mayoría” son insectos. En los mamíferos, que somos pocos, la hembra suele mirar desde más abajo. Aunque ganan en en tamaño las antílopes, las focas y también las hembras de murciélago. Hay algunas cosas gigantes en el cuerpo de una homínida, pero hay que saber mirar dentro. El óvulo de una hembra humana, por ejemplo, tiene 100.000 veces el volumen de un espermatozoide. Microscópicamente, somos colosales.

 René Magritte pintó una giganta inspirándose en el poema de Baudelaire. Yo creo que la suya, la Giganta de Magritte, es mi favorita.

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La mujer en la cama de Ron Mueck  (1958)
Es un escultor hiperrealista de origen australiano. Su giganta mide 4 metros. Los brazos no nos alcanzarían para abrazarle completamente la cabeza.

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La villana. Giganta es una súper villana de los cómics de los años cuarenta (DC Comics). Enemiga de la Mujer Maravilla y con una envidiable capacidad: podía aumentar su tamaño y su masa a voluntad, hasta transformarse en una poderosa giganta.

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La erótica esterotipia. Zapruder Filmmakersgroup es una empresa de películas independientes, de bajo presupuesto, fundada en 2000. Su investigación sobre la estereoscopia, llevado a cabo desde el año 2005, ganó el premio Persol 3D del Festival de Venecia. Esta giganta, es suya.

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Mme. Abomah, nacida en 1862, fue conocida como la Giganta del Amazonas, o la Giganta Africana. Viajó por todo el mundo exhibiendo su extraordinaria magnitud.

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El ataque de la mujer de 50 pies. El encuentro con unos extraterrestres es lo que otorga a una sencilla mujer el poder de crecer y crecer. Delirante peli de culto de los años cincuenta con varias versiones más recientes.

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Dibujada a mano. Una de las bellas ilustraciones de Jason Levesque, una inquietante giganta.

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Y, por último, La Giganta (de Las flores del mar, de Baudelaire)

Cuando Natura en su inspiración pujante
Concebía cada día hijos monstruosos,
Me hubiera placido vivir cerca de una joven giganta,
Como a los pies de una reina un gato voluptuoso.

Me hubiera agradado ver su cuerpo florecer con su alma
Y crecer libremente en sus terribles juegos;
Adivinar si su corazón cobija una sombría llama
En las húmedas brumas que flotan en sus ojos;
Recorrer a mi gusto sus magníficas formas;

Arrastrarme en la pendiente de sus rodillas enormes,
Y a veces, en estío, cuando los soles malsanos,
Laxa, la hacen tenderse a través de la campiña,
Dormir despreocupadamente a la sombra de sus senos,
Como una plácida aldea al pie de una montaña.

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