Archivo por meses: septiembre 2013

Sangre de vírgenes para un hospital chino. ¿Por qué?

 

 

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El Hospital Oncológico Universitario de Pekín puso un anuncio en sus redes sociales solicitando donantes de sangre. Hasta aquí, ningún desmayo. El trueno llegó por el detalle: solicitaban la sangre de mujeres jóvenes, sanas y vírgenes.

Concretamente necesitaban la donación de cien estudiantes vírgenes, de sexo femenino y entre los 18 y los 24 años para un estudio sobre la transmisión del virus del papiloma humano (VPH).

El revuelo en las redes sociales, acusando al hospital de insultar a las mujeres, ha dado la vuelta al mundo. Entre los comentarios, esta frase de un bloguero: “¿No se necesitan hombre vírgenes? ¿Sólo mujeres? ¿Esos es la ciencia?”

En un país donde la virginidad se sigue teniendo en cuenta a la hora de elegir esposa (y el que pueda que tire la primera piedra), un anuncio así cala en los miedos lógicos de cualquier sociedad que avanza. Pero me preocupé por saber si la petición de sangre de vírgenes tiene algún sentido científico.

La portavoz del hospital, Guan Jiuping, antes de acorazarse ante los centenares de llamadas de la prensa, aseguró que en este caso es necesario que las donantes no hayan tenido contacto sexual. «Entra dentro de la práctica internacional el recabar muestras de sangre de mujeres vírgenes, que sirve de sustancia de control negativo en la investigación sobre el VPH, dado que el riesgo de contraer el virus es bajo entre las mujeres que nunca han mantenido contactos sexuales», declaró Guan.

Lo que quiere decir  Guan Jiuping, que seguramente no sabrá donde esconderse después de una metedura de pata de tal calado, es que en su investigación necesitan muestras de sangre de las que tengan la certeza de que no están contaminadas con el virus, para que les sirva como “sustancia de control negativo”. El control negativo significa que si haces cualquier prueba, tiene que dar un resultado negativo, y, si no es así, es que algo está fallando en la técnica.

Desafortunado el anuncio, y voto porque la palabra “virgen” se redefina.

 

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El vello corporal cambia de sexo

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“¡Qué poco femenina!”. Este fue el comentario de una amiga homínida cuando vio la foto de la bloguera Paloma Goñi, con sus axilas en flor.

Tener vello… ¿no es femenino?
Vello, más o menos glorioso, tenemos todas. Con Paloma Goñi de abanderada, una nueva corriente entre las homínidas apunta a lucirlo con orgullo. Del otro lado, la depilación masculina avanza enteros. Ya, el 66 % de los hombres españoles se ha depilado alguna vez. La zona más visitada es el pubis (el 33,6%), seguida del pecho (28,8%) y las axilas (27,1%). En la misma encuesta (de una marca comercial), un 22,2 % reconoció que se afeitaría el pubis “para que el tamaño de su pene pareciera mayor”. El vello, entonces, ¿está cambiando de sexo?

Para la mujer occidental, la tortura del depilado despuntó por coquetería: la moda del vestido de tirantes. Un anunció del año 1915, publicado en la revista Harper’s Bazaar, y dirigido a la alta sociedad norteamericana, mostraba a una joven con los brazos depilados y este aviso:

“La moda para el verano y el baile moderno se combinan para hacer necesaria la eliminación del molesto vello”

El vestido de tirantes arrasó, y el primer comerciante de polvos depilatorios se hizo rico. De ahí llegamos a nuestros días, y al asombro ante la foto de una mujer no depilada, como si la axila femenina escondiera un marciano.

La depilación masculina en nuestra cultura llegó más tarde, cuando Mark Simpson, en 1994 acuñó la palabra “metrosexual”.  Definía al “nuevo hombre” del siglo XXI, con David Beckham como pulcro gurú y, casi tatuado, un manual a seguir, que incluía el afeitado al detalle y la entronización de la piel de bebé.

A nadie se le escapa que la depilación no es moderna. En la prehistoria usaban navajas de hierro o de cobre para rasurarse. Los egipcios prohibieron a los sacerdotes entrar al templo si no estaban depilados, y las mujeres usaban ceras con azúcar, aceite y limón para retirar el vello corporal. Los gladiadores en el circo romano aceitaban sus músculos después de depilarlos.

Entonces, el vello corporal, ¿es masculino, femenino o neutro? Recurro a los expertos en explicar al humano, y me encuentro con la condena de que, antropológicamente, en las homínidas, el vello no es sexy, y en el hombre sí.

Los machos, de fábrica, tienen más vello que las mujeres, en más zonas del cuerpo y de mayor grosor. La responsable es esa hormona sexual más abundante en los varones, la testosterona. En la adolescencia, esa hormona inflama los rasgos que diferencian sexualmente a hombres de mujeres, y el vello corporal es uno de ellos. En todas las especies animales, estos rasgos diferenciadores sirven para facilitar la elección de una pareja de otro sexo solo con echar un vistazo. Y, así, el vello en el cuerpo resulta un carácter sexual masculino secundario, como la mayor cantidad de músculo, la mandíbula ancha o la voz grave. Esto explica que el macho velludo tenga su encanto y, por el contrario, que en la mujer resulte poco vistoso.

Sin embargo, este verano, la mayoría masculina depilada había tomado la arena de la playa. Las nuevas generaciones ya no consideran la depilación como territorio de chicas. Un estudio de una Clínica de estética de Londres (¡ojo, que se dedican a depilar!) asegura que cinco de cada diez mujeres eliminaría “sin dudar” el vello de los hombros y la espalda de sus parejas, seguido del pelo del pecho, antiestético para un 19 % de las encuestadas. Un 12 % también le depilaría las piernas.

Y entonces… ¿a las homínidas les resulta atractivo el hombre depilado?¿Hay alguna razón en el disco duro de nuestra especie que sirva para explicar lo bueno de ir sin pelo? ¿Se afeitaría Darwin?

El biólogo evolucionista Mark Pagel, de la Universidad de Reading, en Inglaterra, pensaba que si los humanos habíamos perdido pelo debía ser por algo, y encontró que tenía que ver con los piojos. Según el estudio de Pagel, tener menos vello impide que piojos y garrapatas campen a sus anchas. Menos pelo indicaba menos parásitos y, directamente, un individuo más sano, algo que le hace parecer, a ojos de los demás, más atractivo y, esto, para ambos sexos. Así, según la  teoría de Pagel, la tortura depilatoría podría no ser un mandato estético, sino un molesto instinto.

Conclusión: esta guerra por el vello corporal, la selección sexual la zanja con un empate.

 

 

 

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9 gigantas bellas

Collage del artista polaco Franz Falckenhaus.

Collage del artista polaco Franz Falckenhaus.

–¡Eres grande!
–¿Cómo de grande? –pregunta ella.
–¡Eres una giganta!
Hay a quien las gigantas le dan miedo. A Gulliver, las que encontró en su segundo viaje le parecieron terribles amenazas. A mí me gustan las gigantas, porque creo que “la belleza es siempre algo raro”. La frase se la he copiado a Baudelaire ―no creo que un poeta se moleste―. El francés le escribió un poema a una giganta que incluyó en Las flores del mal.  La suya tenía unas rodillas sensuales y enormes, y se podía descansar a la sombra de sus senos. Pero hay pocas gigantas bellas. En la mitología escasean si se compara con la abundancia de gigantes macho descritos en los mitos de todas las culturas. Y esas pocas gigantas imaginadas no son como la de Baudelaire.

Está Hela, o Hel, una giganta nórdica, hija del dios Loki y de la también giganta hechicera Angrboda.
Su cuerpo era hermoso, pero no del todo: la mitad inferior era la de un cadáver. El reino de Hela, más allá de una frontera de brumas, acoge a todo aquel que muere sin virtud.

En los textos que hablan sobre el dios Krisna (el Mahabharata) habita una demonia giganta que tramó matarle. Se llama Putana. Putana disminuyó su tamaño para hacerse pasar por una aldeana y amamantar a Krisna. Untó sus pezones con un veneno, infalible, salvo si eres un dios. Krisna succionó la leche, y algo más: el “aire vital” de Putana. Antes de morir, la demonia recuperó su estatura real, varios cientos de metros de altura. Cuando se desplomó, aplastó un bosque entero.

Quizá la escasez de gigantas mitológicas tenga que ver con que las homínidas, vistas desde fuera, somos pequeñas, de menor tamaño que los machos, y esto es también una bella rareza. No siempre es así. Las adolescentes son gigantas compañeras de pupitre, y en la mayoría de las especies la hembra es de mayor tamaño que el macho, aunque cueste destacar que esa “mayoría” son insectos. En los mamíferos, que somos pocos, la hembra suele mirar desde más abajo. Aunque ganan en en tamaño las antílopes, las focas y también las hembras de murciélago. Hay algunas cosas gigantes en el cuerpo de una homínida, pero hay que saber mirar dentro. El óvulo de una hembra humana, por ejemplo, tiene 100.000 veces el volumen de un espermatozoide. Microscópicamente, somos colosales.

 René Magritte pintó una giganta inspirándose en el poema de Baudelaire. Yo creo que la suya, la Giganta de Magritte, es mi favorita.

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La mujer en la cama de Ron Mueck  (1958)
Es un escultor hiperrealista de origen australiano. Su giganta mide 4 metros. Los brazos no nos alcanzarían para abrazarle completamente la cabeza.

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La villana. Giganta es una súper villana de los cómics de los años cuarenta (DC Comics). Enemiga de la Mujer Maravilla y con una envidiable capacidad: podía aumentar su tamaño y su masa a voluntad, hasta transformarse en una poderosa giganta.

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La erótica esterotipia. Zapruder Filmmakersgroup es una empresa de películas independientes, de bajo presupuesto, fundada en 2000. Su investigación sobre la estereoscopia, llevado a cabo desde el año 2005, ganó el premio Persol 3D del Festival de Venecia. Esta giganta, es suya.

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Mme. Abomah, nacida en 1862, fue conocida como la Giganta del Amazonas, o la Giganta Africana. Viajó por todo el mundo exhibiendo su extraordinaria magnitud.

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El ataque de la mujer de 50 pies. El encuentro con unos extraterrestres es lo que otorga a una sencilla mujer el poder de crecer y crecer. Delirante peli de culto de los años cincuenta con varias versiones más recientes.

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Dibujada a mano. Una de las bellas ilustraciones de Jason Levesque, una inquietante giganta.

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Y, por último, La Giganta (de Las flores del mar, de Baudelaire)

Cuando Natura en su inspiración pujante
Concebía cada día hijos monstruosos,
Me hubiera placido vivir cerca de una joven giganta,
Como a los pies de una reina un gato voluptuoso.

Me hubiera agradado ver su cuerpo florecer con su alma
Y crecer libremente en sus terribles juegos;
Adivinar si su corazón cobija una sombría llama
En las húmedas brumas que flotan en sus ojos;
Recorrer a mi gusto sus magníficas formas;

Arrastrarme en la pendiente de sus rodillas enormes,
Y a veces, en estío, cuando los soles malsanos,
Laxa, la hacen tenderse a través de la campiña,
Dormir despreocupadamente a la sombra de sus senos,
Como una plácida aldea al pie de una montaña.

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