Los pechos envejecen más rápido que el resto del cuerpo. ¿Y si pudieran evitarlo?

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Hay erosiones que se camuflan, más o menos, con un arsenal disponible de cosméticos anti-age. Pero el corrector de ojeras no sirve para maquillar el páncreas, ni es posible teñirle las canas al riñón. El corazón, por ejemplo, se hace ligeramente más lento con los años, y la edad lo agranda (¿será por haber querido?). Si nos viéramos por dentro, no engañaríamos ni al espejo más ingenuo. Pero no todos los órganos, ni todos los tejidos envejecen al mismo tiempo. Y acaban de descubrir que, en una homínida, hay algo que madura a una velocidad más acelerada que el resto del cuerpo: los pechos.

El hallazgo se lo debemos a Steve Horvath, profesor de Genética Humana de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA). Horvath ha encontrado que el tejido mamario tiene una media de entre dos y tres años más que el resto del cuerpo.

Pero su investigación va más allá de nuestros pechos: se adentra en la incógnita de envejecer, un proceso que empieza a ocurrir desde que nacemos. Horvath ha encontrado un reloj biológico, un tic tac en nuestro ADN que marca el transcurrir de la vida de tejidos y órganos, un cronómetro que tiene las horas marcadas. Si ese “reloj” resulta ser la clave del envejecimiento, ¿podrían pararlo? ¿podrían mantenernos jóvenes para siempre?

Aún no se sabe si solo marca las horas, o si son justo esos procesos químicos en los que Horvath ha puesto la lupa los que hacen que la edad avance. Si fuera así, si fuera ahí donde se teje el proceso de envejecer, Horwath le habría arrebatado a los dioses un delicado secreto, el de la eterna juventud, la fuente de El jardín de las delicias, habría dado con el mecanismo que tendría que lubricar y reparar para detener el deterioro de las células, de los tejidos, de los órganos, y de nuestros pechos.

Del mismo modo que los físicos buscan una Teoría del todo para explicar las fuerzas de la Naturaleza, que nos diga cómo funciona el Universo (en lo grande y en lo muy pequeño), en genética también persiguen una teoría global que resuelva la obstinación celular de envejecer. Están en ello y, cuando la tengan, nos haremos mayores de otro modo.

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