Archivo por meses: diciembre 2013

Píldora masculina: ¿Te fías de que él la tome?

 

Prototipo de anticonceptivo oral para hombres del año 2001

Prototipo de anticonceptivo oral para hombres del año 2001

“No te preocupes, que yo me controlo”, esta frase, pronunciada en la cúspide de la ola, arrastra un tsunami y un acto de fe (de ella). Al instante ¡zas! Más de 100 millones de espermatozoides en tropel desafían al comandante para que uno, solo uno, burle el control y fecunde un óvulo. En España se producen cada año unos 240.000 embarazos no deseados. Y el dedo acusador, en todas las estadísticas, asaetea a la mujer: “El 20% de las españolas, alrededor de dos millones, no utiliza métodos anticonceptivos o hace uso de ellos de forma inadecuada”.  Pero anticipo un detalle: para ellos —los hombres— no existe aún un anticonceptivo similar a la oferta para homínidas. Y, según las encuestas, si lo hubiera, lo tomarían.
Llego a una reunión de blogueros y blogueras. Nos van a presentar una herramienta informática, Anticipatest. Sirve para que la mujer averigüe qué anticonceptivo es el más adecuado para ella. Me siento a la mesa del hotel en el que nos citan, con zumo de naranja y bollitos variados, y tengo a tiro a un ginecólogo, el desarrollador de la herramienta, que se encuentra a diario con homínidas a las que ofrece un surtido de al menos 15 modelos de anticonceptivos. Con o sin regla, de una o dos hormonas, intravaginales, cutáneos, subcutáneos, palitos, inyecciones, píldoras…

Pregunto: ¿Y para los hombres, qué hay?

La respuesta del doctor Sergio Haimovich, del Hospital del Mar en Barcelona, no requiere mucha saliva: “Para ellos hay dos, preservativo, y vasectomía”. Y sobre el preservativo añade: “Los hombres se inventan muchas motos para no usarlos”.
Las “motos” que señala el ginecólogo son cantinela, pero deberíamos oírlas más cuando lo cierto es que suenan desde los tiempos del Rey Minos (1200 a.C) cuando se empleaban vejigas de pescado o  de cabra para retener el semen: “Duele, molesta, no siento lo mismo…”. Frases seguidas de una consecuencia: que no se utilicen siempre  y que, al final, sea la mujer quien se anticonceptive.
El doctor explica: “Cuando una chica hace su primera visita al ginecólogo, entre los 13 y los 16 años, le digo que tiene que seguir un doble método, uno que le dé absoluta seguridad para no quedarse embarazada, y, además, el preservativo, única barrera contras las enfermedades de transmisión sexual”. Me arremango para abanderar a los hombres, y pregunto:

  ¿Y en la primera visita del CHICO al ginecólogo, qué le recomienda?”.

El amable doctor Haimovich no pestañea: “¿Chicos? ¿qué chicos?”. Los chicos, a esa edad, también están a punto de disfrutar sus primeras relaciones sexuales, pero no tienen un médico al que ir para que les cuente que ellos también se quedan embarazados si consiguen “vender la moto”. No hay ningún protocolo. La madre, o el padre, no le llevan a que le expliquen, nadie se plantea que el niño varón hace el amor, y que también él tiene derecho a prevenir ambas cosas, embarazos y el ogro de las enfermedades de transmisión sexual.
Sin digerir el cruasán, pregunto sobre los nuevos métodos en el horno dirigidos a la anticoncepción masculina. El último avance lo presentaron unos días atrás investigadores australianos. En la Universidad de Melbourne han trabajado en bloquear las dos proteínas esenciales para que los espermatozoides se desplacen a través de los órganos reproductores masculinos. Han encontrado la manera de frenarlos. Funciona en ratones, pero ahora hay que ver si en el hombre es lo mismo.
Tiene como resultado la infertilidad  de manera temporal, y sin añadir hormonas a la mezcla.

Los investigadores aseguran que la píldora estará lista en 10 años. Pero lo mismo prometieron otros investigadores hace treinta años. Desde entonces se anuncia, a intervalos, la inminente llegada del anticonceptivo masculino. Así que debe tratarse de un bucle espacio-temporal. La píldora para hombres no la van a traer, tampoco esta vez, los Reyes Magos. ¿Por qué?

¿Por qué es tan difícil una píldora anticonceptiva para hombres?

El doctor Haimovich, ya un poquito harto de mí, contesta: “Además de la dificultad biológica de retener millones de espermatozoides frente a un único óvulo, hay una razón de peso….”. Ahí va: “La mujer no se fiaría de que fuera el hombre quien tomara la píldora?
Una encuesta realizada por investigadores de la Universidad de Teesside, en Reino Unido, mostró que, aunque los hombres aceptarían de buen grado tomar la ‘píldora masculina’ –un método a base de testosterona que estaba en fase experimental y que impedía la formación de espermatozoides–, la mayoría de las mujeres no confiarían en que sus parejas recordasen que deben tomarla a diario.
La encuesta se publicó en el Journal of Family Planning and Reproductive Health Care. Aquella píldora nunca llegó al mercado. Para qué invertir, con lo difícil que es frenar millones de células, si, además, socialmente, las motos se siguen vendiendo, y la mujer no se fía. En las redes sociales lancé esta pregunta: “¿Te fiarías de que fuera tu pareja quien se tome la píldora?” Ya sé que es una encuesta muy menor, pero de los tuits recibidos de mujeres, no hay ni una que diga fiarse. Hay varios “No” rotundos, y algún que otro “Ni de coña”. Dice @patribzgz 21h “No es que no me fiara, pero te juegas algo tan importante, que sobre todo sufrimos las mujeres, que no me gustaría dejarlo en otras manos”.

Los hombres SÍ la tomarían

Pero resalto un detalle de la encuesta de Reino Unido. Los hombre “Sí” la tomarían. Un colega periodista, varón y con dos hijos me pide que anote: “La mujer tiene opciones para prevenir un embarazo no deseado. ¡¡Yo sueño con la llegada del preservativo de grafeno!! —exclama  recordando la propuesta del concurso de Bill Gates para desarrollar los preservativos del futuro—”. Mi colega continúa: “Un anticonpetivo para hombres nos daría también a nosotros la posibilidad de controlar embarazos no deseados. Los hombres acogeríamos con los brazos abiertos un método eficaz”.

¿Qué hay detrás de las investigaciones de anticonceptivos para hombre?

Después de todo esto, he pensado averiguar en qué punto están las muchas investigaciones en desarrollo (o paradas) sobre anticonceptivos para hombres. Voy a empezar por estas. Iré contando qué me encuentro.

ONDAS DE ULTRASONIDO:  Las mismas que utilizan los fisioterapeutas. Se aplican en los testículos para que no fabriquen espermatozoides.

PÍLDORAS e INYECCIONES: A base de testosterona más progesterona,  y otra de progesterona y progestágeno. La investigación la hace en Australia el Anzac Research Intitute de Sydney.

POLÍMERO: En el conducto por donde se transportan los espermas  se inyecta un polímero que actúa como un espermicida

GOSIPOL: Del aceite de la semilla del algodón. Suprime la producción de espermatozoides a nivel testicular.   La está investigando el doctor Shelton Segal de la Fundación Rockefeller de Nueva York.

VACUNA ANTIFECUNDIDAD: Para conseguir que el sistema inmune destruya a los espermatozoides.

 

 

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Se puede querer a dos hombres a la vez… y no estar loca

Las mujeres omuhonga, de Namibia, participaron en el estudio sobre sexualidad femenina

Las mujeres omuhonga, de Namibia, participaron en el estudio sobre sexualidad femenina

Que me disculpe el viejo Machín por feminizar su bolero (Corazón loco). Él amaba a dos mujeres a la vez pero, en estos días, una reciente investigación demuestra que amar a dos hombres, o a tres (y suma los que quieras) es una posibilidad biológicamente eficaz para las homínidas. Afirma que la mujer es, por naturaleza, tan promiscua como el hombre (que también) y los únicos límites a nuestra díscola genética están en los cinturones culturales que cada cual aprende y, entre ellos, la independencia económica.

El nuevo estudio lo firma la antropóloga Brooke A. Scelza, de la Universidad de California, Los Ángeles, y lo acaba de publicar en Evolutionary Anthropology. Scelza sostiene que el papel sexual de las mujeres no se limita a la elección de un macho adecuado, sino que también buscamos múltiples parejas sexuales.

Scelza investigó los quehaceres de mujeres de distintas sociedades, entre ellas, las  Omuhonga, en Namibia. Es un pueblo seminómada que vive principalmente del pastoreo de ganado. Los  maridos viajan largas distancias con las manadas, y, en su ausencia, las mujeres pueden (o no) tener otras parejas. De las 110 mujeres que entrevistó Scelza, un tercio dijo que sus relaciones con otros hombres causaron el nacimiento de al menos un niño. Como en su sociedad la promiscuidad no es un estigma, tanto mujeres como hombres hablan de ello abiertamente.

Las mujeres ya no ligamos, científicamente, igual que las moscas

La investigación de Scelza afila el vértice de una batalla científica que se sostienen desde hace décadas, y cuya responsabilidad inicial es del lúcido Darwin. El debate, básicamente, es determinar científicamente si en nuestra especie, especialmente en las hembras, la estrategia reproductiva más eficaz es tipo mosca, o tipo bonobo (el simio promiscuo con el que compartimos más ADN que con cualquier otra especie, un 98.7%).

La propuesta dominante en el Olimpo científico, y la más instalada en la mente colectiva, es que las mujeres elegimos pareja con la misma estrategia que la mosca de la fruta, la provechosa Drosophila melanogaster. Veamos cómo se llegó a la mosca.

En su obra El origen del hombre, Darwin puso en tinta que la mujer tiene un papel dominante a la hora de elegir compañero, y que, de entre los mejores, solo elige uno. Los machos, por tanto, tienen que competir entre ellos por ser el elegido, y dejarse los cuernos si hace falta. La razón que Darwin encontró es que para un macho humano producir células sexuales es algo biológicamente barato. 100 millones de espermatozoides en cada “¡ay!” lo atestiguan. Así que le interesa copular con cuantas más mejor, para lograr el mayor número de descendientes que le honren. Conclusión: la estrategia biológica de más éxito para el hombre es la poligamia.

La visión de Darwin sobre la mujer era la opuesta: un gran óvulo al mes, con un coste biológico de las dimensiones del Himalaya. La hembra, por tanto, tiene que seleccionar al buen macho, y solo a uno, que garantice un descendiente fuerte y sano.

Darwin nos vio, así, hombres polígamos y mujeres monógamas por orden biológico natural. Pero él solo lo anunció. En 1948 el genetista británico Angus J. Bateman llevó a cabo un trabajo experimental para demostrarlo, y eligió como sujeto de estudio a la moscas de la fruta, la Drosophila melanogaster.

Bateman se dedicó a buscar moscas con rasgos físicos diferenciadores: alas rizadas, pelo grueso, ojos en una hendidura… las puso a copular y después contó descendientes que hubieran heredado esos rasgos. Con su famosísimo experimento mostró que el número de descendientes de un macho aumenta en la misma proporción que el número de parejas seducidas, mientras que la mosca hembra no gana nada con la variedad. Trasladar sus conclusiones de la mosca al humano le llevó un párrafo. Y ahí quedo: para el genetista, las humanas ligamos con la misma estrategia que la mosca de la fruta.

El de Bateman es el estudio experimental sobre selección sexual más citado en la actualidad, pero para discutirlo. Patricia Adair Gowaty, profesora de ecología y biología evolutiva de la universidad de UCLA, repitió el experimento de Bateman mosca a mosca y encontró que el genetista se había hecho un lío al contar mutaciones, y que algunos aspectos fundamentales del estudio no eran correctos. «Posiblemente el trabajo de Bateman nunca debería haber sido publicado», afirmó la investigadora.

Hay numerosos estudios que ensalzan la promiscuidad como estrategia biológica eficaz para ambos sexos. El más reciente es de la antropóloga Brooke A. Scelza, de la Universidad de California, que, como los huevos Kinder, también tiene sorpresa.

Dice Scelza que ha encontrado gran diversidad de normas sexuales por el mundo, desde la monogamia forzada estrictamente al poliamor, y que ha dado con una razón detrás de los modelos donde las parejas múltiples son más abultadas. Allí donde las mujeres tienen más recursos económicos, o mayor independencia del hombre, triunfa el corazón loco.

Para Scelza esto explica por qué la infidelidad femenina se ha incrementado en occidente y apunta el caso de Islandia, en el primer puesto en la clasificación en igualdad de género según el Foro Económico Mundial de 2013 y, al mismo tiempo, donde el 67% de los niños nacen fuera del matrimonio. La tasa mayor del mundo occidental.

Aunque la batalla por explicar el comportamiento sexual humano continuará, lo que parece es que hay posibilidades para todo. Aunque no está mal saber que si te enamoras de dos, tres o siete hombres a la vez, loca, biológicamente loca, no estás.

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