Archivo por meses: abril 2014

El Tiranosaurio Rex que cambió de sexo y otras incógnitas de género jurásico

Mary Schweitzer encontró la manera de determinar el sexo en dinosaurios. Con ella, la B.Rex

Mary Schweitzer encontró la manera de determinar el sexo en dinosaurios. Con ella, de perfil, B.Rex

“¿Cómo sabes si es dinosaurio o dinosauria?” A José Luis Sánz, paleontólogo, uno de los mayores expertos mundiales en dinosaurios y descubridor de tres especies nuevas, la pregunta le toca en blando.  “Lo normal es que no se sepa”, me dice y añade: “Sé muchas cosas sobre ellos, pero ni idea de si eran machos o hembras. No es que no haya dinosaurias, es que no sabemos cómo averiguar el sexo en especies fósiles de hace  más de cien mil años”.

Y así fue cómo José Luis Sánz me contó la historia del Tiranosaurio Rex antes llamado Bob.

Por regla general, el descubrimiento de un nuevo dinosaurio se trata como el hallazgo de un macho. Y así ocurrió con Bob, un esplendoroso esqueleto de Tiranosaurio rex descubierto en Montana por Bob (claro) Harmon, que dio su nombre al gigante jurásico.

Bob (el dino) estaba maravillosamente conservado y, entre sus petrificados huesos, quedaba algo de tejido blando. Encontrar tejido blando en un fósil de hace 65 millones de años es más azaroso que lo de la agujar en el pajar. Lo más normal es que cualquier cosa blanda (ligamentos, piel, etc.) desaparezca. Pero ahí, entre los huesos de Bob, quedaban restos blandos de médula ósea,  aprovechables para investigar.

Aquel tejido cayó en manos de una mujer, una paleontóloga de la Universidad de Carolina del Norte. Y ella encontró un método fino para determinar el indescifrable sexo de los dinosaurios. “Algo hasta ahora realmente difícil ―me explica José Luis Sanz― Todos los signos obvios de diferencia de sexo entre dos especies desaparecen cuando los tejidos blandos se fosilizan”.

La paleontóloga comparó aquel tejido con una capa de hueso similar a la de algunos pájaros vivos, y encontró una sustancia rica en calcio que solo tienen las hembras de algunos  pájaros en un momento clave de su vida, cuando necesitan nutrientes para hacer cáscara de huevo. Es decir, que aquella hembra de Tiranosaurio estaba, probablemente, a punto de poner huevos.

De ese modo se supo que el espectacular T-Rex de montana era “ella”, y ahora se llama B.Rex, a secas.

Hay poca maneras de estar seguro de que una dinosauria es hembra. “Pero esta lo es por huevos”, me dice Paleofreak (@paleofreak), un apasionado de los dinos que me cuenta el siguiente dramón familiar.

Se trata de una madre dinosaurio que murió con los huevos posiblemente aún en su interior.  La madre pertenecía a una familia rarita de dinosaurios de patas largas, carrera rápida y cráneo de pajarito, los alvarezsáuridos. Un equipo de investigación argentino-sueco encontró un reservorio de 70 millones de años con huesos y huevos fosilizados.

6a00d8341bf67c53ef016303fdd7b9970d-800wiLo interesante es que los huevos se encontraron cerca de los huesos articulados posteriores de las, a todas luces, dinosaurias. Es posible que estuvieran dentro de los oviductos de las hembras cuando murieron.   Así pues, estas alvarezsáurias patagónicas son hembras.

Un drama anterior, de hace aproximadamente 125 millones de años, les dio a los paleontólogos la posibilidad de aventurar que los cuidados parentales que tienen las aves (y en los que los humanos somos maestros), existían ya entre los dinosaurios.

A diferencia de los reptiles, que ponen su huevo y se largan, los dinosaurios parece que actúan como cigüeñas: empollaban sus huevos y defendían a sus crías.

La hipótesis tomó fuerza cuando encontraron el fósil de una dinosauria adulta tendida en un hueco que fue su nido y, en el interior, 34 crías del tamaño de un Chihuahua. La muerte debió llegar inesperadamente. Una inundación, o un derrumbe puedo acabar asfixiándoles. Pero para los paleontólogos, aquel hallazgo en Liaoning, en el noreste de China, fue un retrato de familia que les dio pistas para hablar de cuidados parentales.

Los dinosaurios de Liaoning eran psittacosauros, pequeños, comedores de plantas, y con picos parecidos a un loro. David J. Varricchio de la Universidad de Montana explicaba: “Siempre es un acto de fe deducir el comportamiento de un fósil. Pero, en este caso, es obvio que se trata de una madre dinosaurio que murió tratando de proteger a sus crías”.

¿Y no les sirve el tamaño para saber si es hembra?

Visto desde el humano (y desde la mayoría de los mamíferos), parece claro que el tamaño es una buena prueba para distinguir si un esqueleto es de mujer o de hombre. Pero con los dinosaurios el asunto se complica. Para empezar, porque no es posible saber con certeza si los de tamaño grande son ellas o ellos (en algunas especies, por ejemplo de rapaces, la hembra es más grande).

Uno de los casos de dimorfismo  sexual con más enredo entre los dinosaurios es el de los hadrosáuridos. Se han encontrado numerosos restos fósiles, y de lo más variopinto. Tienen pico de pato, y grandes diferencias entre cráneos y crestas. El caso más llamativo entre los hadrosáuridos es el de los Parasaurolophus, en el que se ha identificado como macho a los ejemplares con la cresta larga y recta, y como hembra a los que la tienen corta y curva. Pero, como me dice José Luis Sanz, podría ser justo lo contrario.

Y ¿qué hay del pene de los dinosaurios?

No hay fósil de dinosaurio con pene. Pero, ¿lo tenían? Hay paleontólogos que votan por el No  y quienes sostienen que sí.

No hay ningún fósil que permita saber con certeza cómo eran sus genitales.  Lo normal es que los órganos estén formados por tejidos blandos, que no fosilizan. Los gallos, por ejemplo, y numerosas aves, no tienen pene. Se aparean juntando sus cloacas. Las contracciones musculares provocan la eyección del esperma, que invade el órgano femenino, y a correr.

Recreación de una cópula de Tiranosaurios Rex en el Museo Jurásico de Asturias

Recreación de una cópula de Tiranosaurios Rex en el Museo Jurásico de Asturias

Es una postura que parece más ventajosas para un coloso como, por ejemplo, el T-Rex. Si el macho montara a la hembra, esta tendría que soportar entre dos y tres toneladas de peso en sus cuartos traseros.  Bruce M. Rothschild, paleontólogo de la Universidad de Ohio, decía que la reproducción del  Tiranosaurio sería una operación lenta y costosa: “Casi tan delicada como acoplar la Soyuz y la Mir”.

La hipótesis de unir las cloacas es, desde luego, menos arriesgada. Sin embargo hay quien defiende la teoría del pene de los dinosaurios. Olivia Judson, historiadora y bióloga evolucionista, asegura que podrían tener un pseudopene, como las avestruces, que tienen un órgano parecido a un falo escondido en la cloaca y que erecta para el apareamiento. Ella piensa que todos los antepasados de los pájaros lo tuvieron.

Y así, a día de hoy, la casi totalidad de los restos fósiles de dinosaurios que se han encontrado son de sexo indeterminado, ni “él” ni “ella”.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

La fotografía 51. ¡Pásala!

fotografia-51

Esta imagen de microscopio, en blanco y negro y borrosa, desveló el esquivo secreto de la vida. Fue la clave para entender cómo funciona un cuerpo humano. Y mereció un premio Nobel, claro, que Rosalind Franklin nunca recibió.

Hoy, 25 de abril, se celebra el Día del ADN y se conmemora el descubrimiento de su estructura de doble hélice. Esa enmarañada manera de atar cromosomas fue un enorme enigma científico hasta que Rosalind obtuvo la foto 51 y despejó la bruma. La imagen es uno de los más sonoros “¡Eurekas!” de la ciencia, un hito de la biología del S.XXI. Permitió explicar cómo se almacena la información genética y el mecanismo que utiliza el ADN para replicarse. A Rosalind le debemos esa luz en nuestra hasta entonces oscura intimidad y, a partir de ahí, el boom genético que vivimos hoy.

La foto 51, como un Santo Grial, se filtró en el laboratorio en el que trabajaba Rosalind y llegó a manos de Watson y Crick, que la publicaron en 1953. Para ellos, la foto fue la llave con la que desenredaron la madeja del ADN, lo que culminó con el éxito del Proyecto del Genoma Humano un día como hoy del año 2003.

Rosalind obtuvo la fotografía 51 mediante técnicas de rayos X y murió en 1958, a los 37 años, de un cáncer de ovario que pudo ser consecuencia de su trabajo.

Watson, Crick y Wilkins recibieron el premio Nobel por el descubrimiento del ADN en 1962. Cuatro años después de la muerte de Rosalind.  Wilkins reconoció entonces la importancia del trabajo de  la científica inglesa.

Rosalind Franklin nunca supo que su foto 51 se había filtrado en su laboratorio. Tampoco supo que había contribuido a desvelar que incluso en lo más más pequeño, la vida es una enrevesada doble hélice.

La-biofisica-Rosalind-Franklin_54371140975_51351706917_600_226

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Las vaginas y los tiburones tienen algo en común (no, no son los dientes).

Un jovencísimo Steven Spielberg durante el rodaje de "Tiburón".

Un jovencísimo Steven Spielberg durante el rodaje de “Tiburón”.

“Los dientes blancos de la vagina de Colasa Sánchez se estrellaron alrededor del pene infinitamente duro de D. C. Buckley”.

La frase es de la novela Cristóbal Nonato, del escritor panameño-mexicano Carlos Fuentes. El relato de Fuentes es solo uno de los muchísimos que refieren malévolas vaginas dentadas en literatura, videojuegos, cómics, cine… y cualquier manifestación cultural que quieras añadir de todos los tiempos, desde los inuits a los apaches, pasando por el rincón del mundo que quieras.

Pero la relación que encontré entre vaginas y tiburones no son los dientes, sino algo más íntimo que forma parte del lubricante natural de la vagina. Si hacemos una lista de ingredientes del flujo vaginal, encontramos una composición parecida a la del suero. Agua, albúmina, glóbulos blancos, ácido acético, lactobacilos (las mismas bacterias que se encuentran en el yogur), y aquí viene el tiburón: el flujo vaginal contiene escualeno.

 

Escualeno, puede que os suene. Este compuesto orgánico se encuentra en abundancia en el hígado de los tiburones y a veces se emplea en cremas hidratantes. Pero su última virtud llega de un estudio reciente en el que han encontrado que protege a las célula sanas de los daños de la quimioterapia en tratamientos contra el cáncer. A los tiburones, el escualeno, que tiene menos densidad que el agua de mar, les permite nada menos que flotar.

 

Nuestro flujo vaginal también nos relaciona con los tomates y el vino. Su pH es ligeramente ácido, de 3,8 a 4,5, comparable con el pH del tomate,  más o menos la misma acidez que un vaso de vino, y algo menos que un limón.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest