La pubertad comienza con un beso

primerbeso

  • – Hijo, que tengas un sueño bonito.
  • – ¿Qué tipo de sueño, mamá?
  • – Imagina que recorres un campo de hierba alta y brillante de luciérnagas, vas rozándolas y se pegan a la yema de tus dedos…
  • -“¿Voy solo?” me pregunta, y pienso que puede sentir miedo.
  • – Si quieres puedes llevarme contigo.
  • – Mamá… ¿puedo ir con otra persona?
  • ¡Glup!

Esa otra persona, la elegida por mi hijo, tiene 11 años, una sonrisa de pegajoso caramelo y le ha pedido salir en el recreo. Mi hijo, de 11 años recién cumplidos, ha inaugurado la pubertad. Había otras señales previas. La sombra del bigote, el cerrojo en el cuarto de baño y los besos que me niega en público.

Ha iniciado uno de los cambios biológicos más drásticos y fascinantes de la vida de un humano. Y, con ello, está a punto de vivir un montón de cosas nuevas. Para empezar, su cuerpo se va a preparar para reproducirse y, como pertenece a la especie humana, cuenta con una de las herramientas más sofisticadas y alucinantes para lograrlo. Una herramienta mucho más compleja que cambiar de color o entonar cantos de pájaro, mi hijo, y la niña de la sonrisa pegajosa, van a aprender el amor.

Me puse a buscar información sobre la adolescencia y encontré esta frase en un libro del neurólogo Dick Swaab:

“La pubertad comienza con un beso”.

En inglés, esa frase se hizo célebre (“Puberty starts with a kiss”) cuando encontraron el interruptor biológico de la adolescencia. Dieron con el origen del acné, las miradas infinitas en el espejo, los despertares difíciles, la rabiosa pelea por la libertad, y la falta de miedo.

La pubertad empieza cuando el cerebro ordena la producción de hormonas que harán madurar los testículos del niño y los ovarios de la niña (los demás efectos son colaterales). Y se necesitan muchos cambios químicos para ello.

El origen está en un gen al que han puesto un nombre que parece de revista de fans: Kiss-1. Este gen, cuando se activa, hace que el hipotálamo se ponga a producir kisspeptina, la molécula que besa. En la Universidad de Pittsburgh descubrieron como actúa la kisspeptina en el cerebro. Y su descubridor, el genetista Tony Plant, lo describió así:

“La kisspeptina encaja y se queda unida a un receptor que se encuentra sobre la superficie de las células de una parte del cerebro, realmente es como si se besaran”. Tras ese beso molecular, las células envían una señal a la glándula pituitaria que empieza a amasar y liberar las hormonas que hasta ese momento estaban dormidas. ¡Y a correr!

“Lleva tiempo llegar a ser joven”. (Pablo Picasso)

miprimerbesoLa pubertad es uno de los grandes misterios de la biología humana. Esas hormonas sexuales se producen a granel en el embrión pero desaparecen poco después del nacimiento, durante más de diez años. Entonces su producción se restablece súbitamente. Nadie sabe rellenar el por qué de ese paréntesis. Un tiempo de desarrollo en el que la sexualidad está aplazada. Ese paréntesis es la infancia.

Cuando la kisspeptina se suelta la melena y el beso biológico se produce, el cerebro de niños y niñas empieza a transformarse. Tiene que prepararse para una misión excepcional, la reproducción. Y todo lo que hará a partir de ese momento tendrá sentido visto desde ahí: abandonará el nido y caminara entre la hierba con la niña de caramelo.

Nos enamoramos como lagartijas

El amor no es una elección libre, y no tiene ninguna disciplina. Las áreas del cerebro que lo gobiernan son las mismas que compartimos con los lagartos, el cerebro primitivo, el que hace malabares con los procesos inconscientes.

En los adolescentes el amor es inocente y valiente. El área cerebral que planifica, reflexiona, prevé riesgos y controla los impulsos, la corteza prefrontal (CPF), está todavía inmadura. Y no se formará del todo hasta los 20 años. En ese tiempo, se le da mal todo lo que tiene que ver con este área cerebral: planificar, prevenir, pensar en el futuro, contener sus impulsos… Muchas veces, durante la adolescencia los padres somos el pejiguero CPF del adolescente. Si nuestra hija se enamora de quien nos parece equivocado, no podremos pedirle que use el cerebro, ya lo hace, solo que del mismo modo que eligen pareja las lagartijas (cuando somos mayores muchas veces lo hacemos de un modo parecido).

Con esta tarea genética por delante, la de poner a punto la maquinaria de la reproducción, todo tiene sentido.

  • Las chicas pasarán horas mirándose al espejo ensayando la manera de ser deseadas. Las oleadas de estrógeno y progesterona de las primeras ovulaciones inundan su cerebro como tsunamis y las hacen sensibles y amorosas en los primeros quince días de la ovulación, irascibles la segunda quincena. Su cuerpo florece, y van a ir descubriendo qué ven los demás cuando las miran. No saben si sus pechos son como deben ser, si el corto de su falda es o no demasiado corto.
  • Sobre los chicos… Si pudiéramos ver su cerebro desplegado, y miráramos la zona del estímulo sexual, veríamos que es de dos a dos veces y media más grande en el cerebro masculino. En la pubertad, cuando tienen entre 9 y 15 años, los niveles de testosterona empiezan a aumentar y se multiplican por veinticinco -lo que en biología es una cifra enorme-, esto hace que el estímulo sexual sea casi todo para ellos y vean sexo incluso en los senos trigonométricos.

Explica la neurobióloga Louann Brizendine que un muchacho adolescente puede volverse tímido e introvertido, y puede ser porque se siente aislado y avergonzado por sus pensamientos: “Hasta que sus compinches empiezan a hacer chistes y comentar detalles de los cuerpos de las chicas, cree que es el único abrasado por fantasías sexuales tan intensas y vive con el constante temor de que alguien se dará cuenta de unas erecciones que no parece poder controlar”.

Y ahí está mi hijo. En nuestra sociedad, no tenemos ritos que aplaudan la llegada de la adolescencia. Sin embargo, ha sido y aún es una práctica común en otras culturas. Mi rito favorito es el de los Apaches. Consideraban la ceremonia de pubertad la celebración más importante en su tribu. Cada año, durante ocho días, honraban a todas las muchachas que comenzaban su período ese año. Los cuatro primeros días había fiestas y bailes y los chicos cantaban canciones que relataban la historia de la tribu. Los otros cuatro días restantes las chicas hablaban con las mujeres mayores sobre los cambios en sus cuerpos, y los chicos con los hombres. La pubertad se vivía con alegría y sin miedos.

Hoy me dijo mi hijo a antes de salir de casa: “Desde que estoy enamorado, odio los fines de semana, porque no la veo”. Deseé para mí su inocencia. Ahora, eso sí, la próxima vez que me pida un sueño, que se lo invente él.

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3 pensamientos en “La pubertad comienza con un beso

  1. Jose Castro

    Que cosa tan bonita.
    No se puede contar ese horrible período de una manera más tierna y didáctica.
    Enhorabuena

    Responder

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