La fotografía 51. ¡Pásala!

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Esta imagen de microscopio, en blanco y negro y borrosa, desveló el esquivo secreto de la vida. Fue la clave para entender cómo funciona un cuerpo humano. Y mereció un premio Nobel, claro, que Rosalind Franklin nunca recibió.

Hoy, 25 de abril, se celebra el Día del ADN y se conmemora el descubrimiento de su estructura de doble hélice. Esa enmarañada manera de atar cromosomas fue un enorme enigma científico hasta que Rosalind obtuvo la foto 51 y despejó la bruma. La imagen es uno de los más sonoros “¡Eurekas!” de la ciencia, un hito de la biología del S.XXI. Permitió explicar cómo se almacena la información genética y el mecanismo que utiliza el ADN para replicarse. A Rosalind le debemos esa luz en nuestra hasta entonces oscura intimidad y, a partir de ahí, el boom genético que vivimos hoy.

La foto 51, como un Santo Grial, se filtró en el laboratorio en el que trabajaba Rosalind y llegó a manos de Watson y Crick, que la publicaron en 1953. Para ellos, la foto fue la llave con la que desenredaron la madeja del ADN, lo que culminó con el éxito del Proyecto del Genoma Humano un día como hoy del año 2003.

Rosalind obtuvo la fotografía 51 mediante técnicas de rayos X y murió en 1958, a los 37 años, de un cáncer de ovario que pudo ser consecuencia de su trabajo.

Watson, Crick y Wilkins recibieron el premio Nobel por el descubrimiento del ADN en 1962. Cuatro años después de la muerte de Rosalind.  Wilkins reconoció entonces la importancia del trabajo de  la científica inglesa.

Rosalind Franklin nunca supo que su foto 51 se había filtrado en su laboratorio. Tampoco supo que había contribuido a desvelar que incluso en lo más más pequeño, la vida es una enrevesada doble hélice.

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