Archivo por meses: mayo 2014

Mujeres que matan a otras mujeres: una rareza en criminología

 

Foto de las hermanas Papin publicada en Le Surréalisme au service de la Révolution
Foto de las hermanas Papin publicada en Le Surréalisme au service de la Révolution

Las mujeres matamos poco. Y que una mujer mate a otra es una rareza estadística en criminología.  “Nosotras llevamos más grabado en nuestro ADN el principio de preservar la vida”, me dice Mercedes Martínez Moreno criminóloga desde 1985 y hoy terapeuta especializada en atención a víctimas.

Las mujeres cometen menos infracciones que los hombres, tienen menos probabilidades de ser reincidentes y también de cometer delitos realmente graves. Solo un 10% de la delincuencia (en toda su amplitud) es femenina. Si hay algo en que los criminólogos están de acuerdo es en que el asesinato es predominantemente un asunto de hombres. Ellos cometen más crímenes, y también son víctimas en mayor medida.  Esto ha sido así en todas las culturas y en cada era de nuestra historia.

“Casi siempre, las mujeres matan a aquellos que aman o amaron”

La mujer también mata por razones distintas y de modo diferente a como lo hace el hombre. En el 42 % de los asesinatos cometidos por mujeres las víctimas pertenecen a su entorno familiar. Y un cuarto de ellas son niños. Marisa Grinstein, autora argentina de una polémica trilogía, Mujeres Asesinas, explica así las razones más frecuentes por las que una mujer llega a cometer un crimen:  “Buscan liberarse, o buscan venganza, o, en su dolor, no saben qué buscan. Mujeres asesinas que se convierten en eso cuando se les agotan las alternativas. Mujeres que matan, casi siempre, a aquellos que aman o amaron”.

Solo excepcionalmente, una mujer acaba con la vida de otra.

¿Qué sucede cuando dos mujeres (hermanas, amigas) cometen actos violentos, no contra un hombre o un niño, sino contra otra mujer? Suelen convertirse en grandes y tristes historias mediáticas. Los ejemplos que he encontrado, el de las hermanas Papin y el de las amantes Parker-Hulme han sido estudiados desde la política, el psiconálisis, el feminismo… Encabezan cualquiera de las listas macabras que cuentan los crímenes más famosos de la historia.

Las criaturas celestiales y un ladrillo en un calcetín.

Ocurrió en en Christchurch (Nueva Zelanda). Las asesinas: Pauline Parker, de 16 años, y Juliet Hulm, de 15, eran dos jóvenes con una imaginación desbordada y tan enamoradas la una de la otra que idearon un asesinato cuando decidieron separarlas. Su crimen fue la materia prima con la que Peter Jackson filmó Criaturas celestiales (1994).

“Somos ángeles y demonios, criaturas celestiales, tan vulnerables, que terminan forjando su propio infierno por querer ganar el cielo…” Diario de Pauline Parke

“Somos ángeles y demonios, criaturas celestiales,
tan vulnerables, que terminan forjando su propio infierno
por querer ganar el cielo…”
Diario de Pauline Parke

En los años 50, en Nueva Zelanda y en la mayoría de los países, la homosexualidad estaba considerada una enfermedad mental. Pauline incluso fue diagnosticada (sí, ¡diagnosticada!) de lesbianismo por el “doctor” Kenneth Stallworthy. Veranos juntas, baños juntas y un miedo familiar que llevó a sus padres a buscar la manera de separarlas. Juliet tenía que a ir a África, con su tía. Pauline quiso ir con ella, pero su madre no se lo permitió. Pauline escribió entonces en su diario que el único obstáculo entre ella y su amada era Honora Mary Parker, su madre. Y, a partir de ahí, pensaron cómo matarla.

El día 22 de junio de 1954, Pauline Parker salió a dar un paseo en compañía de su madre y de Juliet Hulme, por los alrededores de Christchurch. Llevaban una maza improvisada, un ladrillo dentro de un calcetín. Con aquella burda herramienta golpearon la cabeza de la señora Parker. La policía contó hasta cuarenta y cinco heridas.

El juicio duró seis días, y aún hoy es uno de los casos más famosos de la justicia británica. Un jurado popular las condenó y sentenció a prisión, desechando el alegato defensor de locura.

En estos días la escritora británica Anne Perry, nacida como Juliet Hulme, ha pasado por Barcelona para participar en la semana de novela negra de la ciudad y presentar su nueva obra, «Medianoche en Marble Arch» (Ediciones B). Anne Perry se ha especializado en novela policiaca, escribe sobre crímenes reales o imaginados. Hasta ahora, nunca ha escrito sobre aquel episodio de su adolescencia en Christchurch.

Las hermanas Papin: “¿Dónde estaba mi alma antes de que yo naciera?”

Psicólogos, juristas, poetas, cineastas y dramaturgos han manoseado el crimen de las hermanas Papin en todos sus formatos. Fue un asesinato delirante. Con sus mimbres, Jean Genet escribió su obra emblemática, Las criadas.

Ocurrió en 1933, en la francesa Les Mans, cuando las hermanas Christine y Lea Papin llevaban siete años al servicio de una acomodada familia, los Lancelin. La noche de un 2 de febrero de 1933 las criadas asesinaron brutalmente a la señora y la señorita Lancelin sin que a día de hoy ni psicólogos, ni juristas, ni poetas, ni cineastas ni dramaturgos sepan por qué lo hicieron.

Cuando llegó la policía, las dos hermanas, que era de procedencia muy humilde, estaban desnudas y abrazadas, acostadas en una de las camas. Se confesaron autoras del crimen sin el menor nerviosismo. Christine lo narró así: “Cuando la señora entró le dije que no me había dado tiempo a repasar la plata. Entonces ella intentó atacarme y yo le arranqué los ojos con los dedos. Mejor dicho, yo no salté contra la señora, sino mi hermana; yo ataqué a la señorita Genevieve y fue a ella a quien arranqué los ojos … Nada teníamos contra ellas. Hace demasiado tiempo que somos criadas, eso es todo”.

Jamás se descubrió móvil alguno del crimen de aquella dos mujeres. Léa no hablaba, y Christine tenía visiones poéticas que inspiraron a Jacques Lacan a escribir un ensayo: “Motivos el crimen paranoico, o el crimen de las hermanas Papin”. En sus visiones, Chirstine se preguntaba sobre el destino de las almas. “¿Volverán las almas de la señora Lancelin y su hija Geneviève en otros cuerpos?” “¿Dónde estaba mi alma antes de que yo naciera?”.

Las condenaron. Pena de muerte, conmutada por reclusión en un manicomio, a Christine, y 10 años de cárcel a Lea.

La asesina más bella del año 

Amanda Knox se hizo famosa hace unos años, acusada de estar involucrada en el escandaloso asesinato de Meredith Kercher, una estudiante británica, de 21 años, que se encontraba de intercambio en Perugia, Italia, y con quien Knox compartía apartamento.

Amanda Knox

Amanda Knox

Meredith fue violada, y apuñalada. Su cuerpo se encontró semidesnudo en la cama de la habitación compartida por las estudiantes. A finales del pasado mes de abril, el Tribunal de Apelación de Florencia encontró culpable a Amanda de empuñar el cuchillo que acabó con la vida de Meredith. La Justicia italiana empezó por condenarla en 2009, revocó el veredicto en 2011 y acaba de condenarla nuevamente.

Amanda fue quien encontró el cadáver de Meredith en la habitación. Lo cierto es que inicialmente las razones para incriminarla tenían más que ver con su carácter alocado que con pruebas sólidas. Amanda y su novio fueron fotografiados besándose en la puerta de la casa tras el hallazgo del cadáver, y también cuando compraban lencería al día siguiente. La prensa británica hizo de las suyas con aquel material fotográfico. Amanda fue bautizada en los tabloides como “monstruo de Perugia” .

Las pruebas —restos de ADN en un broche del sujetador de la víctima y restos de sangre en un cuchillo— eran muy discutibles y aquella debilidad hizo que la absolvieran después de pasar cuatro años en la cárcel. Sin embargo, hace unas semanas, los jueces del Tribunal de Apelación de Florencia descartaron el móvil sexual en el asesinato de Meredith Kercher y señalaron que la estadounidense Amanda Knox y el italiano Raffaele Sollecito, supuestos autores del crimen, pretendieron “humillar” a la joven británica y que eran culpables. Knox ha sido condenada a 28 años de cárcel.

La pareja se encontraba en la habitación la tarde del asesinato, acompañados de otro hombre de origen congoleño, Rudy Guede. Las dos jóvenes tenían una mala relación, y habían discutido por dinero que había desaparecido de la habitación de Meredith. “No había simpatía recíproca”, dicen los abogados.

Según la reconstrucción de los hechos, Knox había consumido estupefacientes, invitó a Guede al piso y su comportamiento “poco educado” hizo enfadar a la británica. La discusión, siempre según la sentencia, culminó con la violación y el apuñalamiento de Meredith.

El violador fue Guede, “animado por el instinto sexual” mientras que Knox y Sollecito la sujetaban con la intención de “humillarla”, hasta que Amada Knox la apuñaló en el cuello.

La popularidad que alcanzó Amanda tuvo un eco estrafalario. La revista Maxim la incluyó, no sin que mediara polémica, entre las 100 mujeres más hermosas del año 2012. Hoy Amanda publica un blog, actualizado, en el que cuenta su caso.

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