Un teoría científica explica que el amor es un caos.

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“¡Me cago en el amor!”, dice, en el sofá de mi casa, Morgana, mi querida Morgana. Quinta ruptura en seis años. Casi de récord guinness. Agotada. Enmarañado el corazón, y harta de querer tanto. “Es que no lo entiendo”, murmura mientras trato de reanimarla destilando ron. “¿Por qué falla?”. Me siento a su lado y le muestro esta foto de Rita Hayworth. La Teoría del Caos, amiga Morgana, explica el amor.

Rita Hayworth fuma. Vestida de Gilda, fuma como una diosa (todo lo hacía como una diosa). El humo sube en un hilo, es un flujo laminar suave. Pero de pronto, el hilo se retuerce. Se convierte en volutas, y se dispersa en nubes desordenadas. Mientras, Rita mantiene entreabiertos los labios en blanco y negro sin darse cuenta de que todo está cambiando. El humo de ese cigarro, según la Teoría del Caos, se comporta del mismo modo que el amor.

La Teoría del Caos es el nombre popular de una rama de las matemáticas y la física. Estudia lo más difícil, lo impredecible. Aquello para lo que la ciencia determinista no tiene explicación, desde el origen del Universo a la propagación de un incendio o a la manera en la que evoluciona una sociedad. Explica los comportamientos inesperados de los sistemas dinámicos, los que cambian y evoluciona sin que se conozca por qué. Y el amor —errático y canalla― lo es.

-“¿Esa teoría explica por qué nos enamoramos?“,  pregunta Morgana.
– “Sí -respondo- la culpa es de una mariposa japonesa”.

Hay una frase icono para la Teoría del Caos: “El aleteo de una mariposa en Japón ocasiona un huracán en el Caribe”. Un pequeño efecto en un sistema, produce una cascada de acontecimientos con consecuencias imprevisibles, que no se pueden medir. Son tantas las mariposas, los ciclones, las lluvias, los movimientos de masas de aire caliente en la atmósfera, tantos los fenómenos que afectan al clima, que es imposible saber con exactitud si lloverá el jueves, ni siquiera si habrá un viento suave. Podemos prever un eclipse o la aparición de un cometa con siglos de antelación, pero no el clima de la próxima semana.

Y así, como en la atmósfera, ¡son tantos los fenómenos que actúan sobre el amor! Una mirada en el metro puede producir un efecto en cascada que acabe por cambiarlo todo. Enamorarse no se elige. Es, posiblemente, uno de los efectos más azarosos del Universo entero. Ocurre de un modo inesperado. Un aleteo que no pueden medir los más sofisticados algoritmos que hay detrás de las enriquecidas páginas de contactos. El errático amor pende de un gesto, de una variación impredecible en el sistema que, de pronto, como la turbulencia del humo, hace que el corazón lata virutas desordenadas, y que la flecha dé en diana. Por más que uno se deje la piel por encontrar el amor, no ocurrirá hasta que aletee la dichosa mariposa.

-“¿Por qué un día el amor termina?“, pregunta Morgana con pucheros.

Cuatro años, dicen los estadistas, eso es lo que dura el amor. Una vez que el sistema se ha establecido, la pareja echa a andar. Dice la Teoría del Caos que el sistema se ve atraído por un atractor, algo así como un imán, algo que le hace dirigirse a un punto, a un objetivo. Hijos, un viaje a Venecia, sexo, desayunos en compañía… Estos son algunos de los atractores clásico de la pareja. Las razones por las que dos están juntos.

Sin embargo, a medida que el sistema se mueve lineal hacia su cuenca de atracción, hay “fuerzas”, perturbaciones inevitables que lo alejan del objetivo. De pronto, las tostadas del desayuno se queman, el sexo se viste con pijama de invierno, los besos ya no son una noria, y aletean otras mariposas en la oficina, o en el gimnasio. Estos y otros atractores desvían el humo del cigarro hacía un destino imprevisible. Y el amor, indefectiblemente, acaba.

¿Es posible recuperar el amor, después de habernos querido tanto?
– Para responder, canturreo este bolero: “Si tú me quisieras lo mismo que 20 años atrás”.

Un sistema inestable, según la Teoría del Caos, tiene una gran dependencia de las condiciones iniciales. Una mínima diferencia en esas condiciones hace que el sistema evolucione de manera totalmente distinta. “Si tú me quisieras lo mismo que 20 años atrás”, dice el bolero. En el sistema “pareja”, las condiciones iniciales no pueden volver a repetirse exactamente iguales. Esto hace, inevitablemente, que el humo nunca pueda volver a ser el mismo —ni el que fue hace 20, ni siquiera dos años atrás— que sea imposible recuperar la misma llama que encendió ese cigarro. No hay manera de volver a empezar.

-“Y, claro, ¿entonces es cuando el amor falla?”
– “En el caos no hay error, ya lo cantaba Radio Futura”.

El Caos no es ausencia de orden, sino cierto tipo de orden de características impredecibles, pero que pueden describirse de forma concreta y precisa. No es un fallo del sistema. Es solo algo que ocurre.
El sistema pareja evoluciona por zonas de incertidumbre donde no reinan las leyes precisas de la física, no es concebible ni por una supercomputadora que pudiese calcular todas sus etapas.
Para la Teoría del Caos, la realidad es una mezcla de orden, desorden, orden, desorden… y así, amor tras amor, de manera indefinida. No es un error que el amor acabe, es una oportunidad para generar un sistema nuevo 🙂

– Y ¿ahora qué? Con los huesos molidos y acumulando desorden, ¿qué puedo hacer cuando el amor termina?
– El Plan B, respondo. Esa es la respuesta.

Así lo explica en una entrevista para SINC el hombre que acuñó el témino Teoría del Caos, James A. Yorke, un divertido sabio de pelo blanco.

Dice Yorke: “Siempre tengo un dicho: que las personas más exitosas son aquellas que tienen un buen plan ‘b’, porque siempre tienes que reaccionar a los cambios”. “Algunas personas piensan que eso se tiene que planear, como los rusos solían pensar, pero no. Tienes un plan, y lo adaptas, lo cambias. Eso es lo que te dice el caos. No hagas planes a futuro”.

Los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio, como los juncos si hay viento fuerte. Adaptarse, cimbrearse, es lo que les hace estables y más resistentes que un muro. Si tiramos una piedra a un río, su cauce no se ve afectado; no sucedería lo mismo si el río fuera un sistema rígido en el que cada partícula tuviera un raíl para moverse. Si fuera así, tiraríamos la piedra y el sistema río se haría añicos. El corazón es un río. Tiene músculo de sobra para que la piedra rebote, y seguir latiendo.

Y así – le digo a Morgana, que ahora parece dormida en el sofá, no sé si por el ron o por mis teorías – del mismo modo que el fuego, entendido el amor como un sistema complejo que cambia, como no puede ser de otra manera, si el amor termina, pues una resetea el corazón, se enciende otro cigarro, y a otra cosa, mariposa.

 

 

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3 pensamientos en “Un teoría científica explica que el amor es un caos.

  1. olga

    Bravo Lorena !
    De lo mejor que he leído sobre el amor y enamorarse 😉
    Ahora a averiguar si podemos reenamorarnos cada 4 años .. quizás valga la pena, quizás no ..
    Pero fluir en el caos es vida, Viva el CAOS

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