Archivo por meses: Septiembre 2014

¿Qué te parece una vida sin hijos?

nokids

“No es el deseo de mi vida ser madre”, dice Johanna. “Tener hijos no es la única manera de dejar tu huella en el mundo”.

Mujeres sin hijos. Mujeres que no quieren tener hijos porque no les da la gana. Ni razones económicas, ni desarrollo personal, ni aplazamientos biológicos… “No soy madre porque no quiero”, continúa Johanna en su comentario dejado en mi último post en el que pedí respuestas a esta pregunta: ¿Qué te parece una vida sin hijos?

En EE.UU hablan del movimiento No Kids (Sin Hijos) o Childfree (Libres de niños). Son mujeres y hombres que pueden, o no, tener pareja y que aumentan la cifra de las estadísticas en un apartado que hace unos años era mínimo, el de los que eligen no reproducirse.  Esta tendencia ha sido llamativa en los comentarios que he recibido.

El informe “El déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español”,  elaborado por la Fundación “la Caixa” en 2013, llamaba la atención sobre el porcentaje de mujeres españolas que deciden no tener hijos. En comparación con las europeas, este porcentaje es reducido. Pero ha ido en aumento con los años. En la generación de las mujeres que rondan los cincuenta años el porcentaje de sin hijos roza el 13%, cuatro puntos más que el porcentaje de las mujeres que ahora pasan los setenta. Las británicas que deciden no ser madres rondan el 20%.
“Se puede ser feliz sin ser madre”, continúa Johanna y añade: “Me parece mas importante mi pareja, conocer, vivir, disfrutar, amar y compartir con él”.

Pero Johanna apunta que a día de hoy esa decisión no es fácil. “Nadie comprende que pueda tener expectativas de la vida tan diferentes, y se me juzga, como si fuera una mala persona. Pero me alejo mucho de ser así, simplemente no es el deseo de mi vida ser madre. Siempre se ha dicho que la mujer nació para dar vida, y que convertirse en madre es una realización. ¿Eso significa que una mujer que toma la decisión de no ser madre es una fracasada?

Han sido muchos los comentarios recibios a mi pregunta similares a los de Johanna.

German Nananiana escribe en Faceebook: “Mejor sin hijos. Prefiero vivir la vida para mí mismo, que para otro. Los hijos requieren una dedicación tan grande.. y durante tantos años…  Quizá es un pensamiento algo egoísta, pero es sincero”.

Y también en Facebook Angela Jover, que sí es madre, comenta: “Me parece genial que cada vez más mujeres decidan libremente no tener hijos. Yo decidí libremente tenerlos y no me voy a meter con nadie por ese rollito que se traen algunos con el amor infinito y grande y esas cosas… adoro a mis hijos, pero es la misma clase de amor “incondicional” (como les gusta esa palabrita a algunos…) que siento por mis padres o hermanos por ejemplo. Les quiero y daría mi vida por ellos sin pensarlo. Nadie, repito NADIE debería ser padre/madre por obligación o por presiones sociales”.

Andrea Veronica Caselli: “Admiro a la gente que se anima a vivir sin hijos… esto de tener hijos es una de las maneras que tiene la sociedad y el sistema de mantener cierto esquema…fijémonos no más en cuánta gente que conocemos sigue en pareja sólo por sus hijos”.

Cuando tener hijos Sí importa.

Por supuesto, también he recibido numerosas opiniones a favor de la opción A, desde luego la más extendida, la de hijos “Sí”. La mayoría de las razones tienen que ver con el hijo como “complemento” vital, o como experiencia única en la vida. Y, sobre todo, con la idea de que es algo que ocurre porque quienes optamos por el Sí lo deseamos muchísimo.

Comenta en mi muro de Facebook Mayte Titu: “Yo tengo uno, y para mí hubiera sido diferente completamente. Seguro que mucho más libre en mis decisiones, pero no por ello más reconfortante. En mi caso, es lo mejor que he hecho”.

David Mary Helen P. añade: “Yo sólo sé que soy padre, y para mí es la experiencia más maravillosa y apasionante del mundo. No me cambio por nadie ahora mismo”.

Erik Mia: “Intentar explicar el amor maternal o paternal a alguien que no tiene hijos es como hacer entender a un niño lo que significa estar enamorado”.

Y este es el comentario de Valentina Preza Flores en Facebook: “La única respuesta verdadera se encontrará cuando el tiempo haya pasado y las arrugas nos llenen la cara, y miremos hacia atrás. Ahí es cuando nos daremos cuenta si fue buena idea o no…”.

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Las mujeres inteligentes no tienen hijos.

Cameron Díaz: “Tengo una vida increíble en muchos sentidos porque no tengo hijos”

Es un estudio incendiario, y su autor, Satoshi Kanazawa, ya se había ganado la medalla de polémico y excesivo por trabajos anteriores. Yo lo archivo como inquietante broma estadística. Voy al grano. Lo que concluye Satoshi es que cuanto más alto es el CI (Cociente Intelectual) de una mujer, menos hijos tiene.

Satoshi Kanazawa es investigador de la London School of Economics y, para realizar su trabajo, ha recogido datos de mujeres, con o sin hijos, y los resultados de los test de inteligencia que les hicieron durante la infancia, momento en el que estas pruebas (más o menos discutidas) se realizan en los colegios británicos.

Lo que ha encontrado Kanazawa es que: “La media del CI de las mujeres que no han tenido hijos era de 105.3, mientras que el CI de las que han sido madres es de 101.7”.  La diferencia en el promedio es casi de cuatro puntos, muy grande y estadísticamente significativa.

El estudio se ha publicado en un momento en el que el lema “Hijos No” (No Kids) gana fans. En 2009, Cameron Diaz declaraba: “Tengo una vida increíble y, en cierto sentido, tengo la vida que tengo porque no tengo hijos. No creo que sea una obligación tener hijos y no creo que sea una obligación no tenerlos, simplemente me parecen opciones distintas”. Desde entonces, a la “confesión” de Cameron se sumaron grandes del cine como Renée Zellweger (Bridget Jones):  “La maternidad nunca ha sido una ambición para mí. Tan sólo quiero ser independiente y ser capaz de cuidar de mí misma”, y la contundente Helen Mirren: “No tengo instinto maternal alguno”. Pero la tendencia No Kids llega cuando en Occidente la natalidad se tambalea peligrosamente. Y el estudio de Kanazawa echa nueva leña para avivar el fuego. Dice el autor del estudio que si el descenso de hijos se produce entre las mujeres más inteligentes, el CI de la población mundial descenderá.

Para Kanazawa: “Dado que las mujeres tienen un mayor impacto en la inteligencia media de las generaciones futuras, es previsible que se produzca una disminución de la inteligencia media de la población en los países industriales avanzados”.  La pregunta importante me parece que es: ¿Por qué algunas personas deciden no tener hijos?

El “invierno demográfico” (Demographic Winter)

La natalidad cae en picado en Occidente, y es una preocupación de primer orden. Si el sociólogo francés Auguste Comte tenía razón cuando dijo “La demografía es el destino”, echémonos a temblar para lo que se nos viene encima. Los expertos que estudian las razones de este Efecto Hamelín, en el que los niños desaparecen de las ciudades, apuntan que todos los aspectos de la modernidad van a favor de la vida sin hijos.

Un hijo es caro, muy caro, y (afortunadamente) ya no es una inversión para la vejez. Tenerlos ya no es una férrea ley social: ya solo las abuelas mantienen la cantinela del “se te pasa el arroz”. Además, las mujeres de hoy no vinculan su felicidad exclusivamente al hecho de ser madres.  En estudios recientes en los que se mide la felicidad, los hijos apenas alimentan la satisfacción, e incluso en algunas encuestas se valora como negativo. Conciliar vida laboral con vida profesional es un nudo que ahoga y, sobre todo en España, el hecho de tener hijos está aún muy asociado al abandono de la formación y el desarrollo personal. Así que todo apunta a que tendremos que abrigarnos para paliar el granizo del invierno demográfico que vaticinan los expertos.

Queda otra “broma” de Satoshi Kanazawa, lo que él llama La paradoja de la inteligencia.  Los humanos hemos desarrollado herramientas que nos permiten ir más allá de los “mandatos biológicos”. Los anticonceptivos permiten que reproducirnos sea una elección, que nada tiene que ver con perpetuar la especie o darle sentido a nuestra vida, ni siquiera con el disfrute del sexo. La naturaleza No siempre es sabia.

Y con todo esto, qué opinas tú: ¿Qué te parece una vida sin hijos?

 

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300.000 óvulos perdidos. Esta peli en 3D muestra cómo ocurre

A día de hoy, contando desde la pubertad, he perdido aproximadamente 300.000 óvulos. Juntos no me cabrían en el bolso. Podría haber repoblado un país entero si se hubieran fecundado. Ha sido una pérdida sin drama (una se acostumbra). Y ha ocurrido tal y como se narra en esta impresionante recreación en 3D hecha por  Hybrid Medical Animation para el área de salud de la mujer de la Clínica Mayo.

Cuando nací, mujer, mis óvulos contenían la friolera de 2 millones de óvulos que se esfumaron paulatinamente en el desarrollo. Al llegar a la pubertad, quedaban 300.000 mil, más o menos, y de ellos sólo entre 400 y 500 maduraron y protagonizaron una peli como esta.  Solo uno, en mi caso, fue fecundado, y le llamamos Héctor. De los óvulos que aún me quedan, pocos, solo el 1% son aún viables para tener un hijo. 

Se deterioran con la edad, nadie sabe muy bien por qué, y de ahí que ahora muchas mujeres decidan vitrificarlos cuando aún están en plena forma para tener hijos más tarde. Guardar un óvulo para luego es complejo. El espermatozoide soporta bien la vida congelado, pero el óvulo no. Su alto contenido en líquido hace que para preservarlo de la edad haya que recurrir a una técnica que es más o menos como si quedara envasado para el futuro.

Son aún muchos los enigmas que rodean a esta macro célula que siempre pintan de rosa. Sin embargo, uno de esos misterios del gran huevo está aclarándose.

La monogamía biológica: ¿Por qué sólo un espermatozoide?

Después de nueve años de búsqueda, científicos británicos han encontrado cómo sucede, qué puerta se abre en el óvulo para que sea solo un espermatozoide el que entra y fecunda.

Lo que han encontrado es una proteína que vive en la superficie del óvulo y que mantiene la puerta siempre abierta (estudio publicado en Nature). A esta molécula la han llamado Juno, como la diosa romana del matrimonio y la maternidad.

En 2005, investigadores japoneses también encontraron una proteína de los espermatozoides sin la cual no pueden entrar en el óvulo. Es una proteína que mantienen protegida durante el largo viaje por el útero y que actúa cuando llega al óvulo, como si mostraran una contraseña. Los científicos de Osaka la llamaron Izumo en honor de un santuario japonés dedicado al matrimonio.

Así que el asunto de la fecundidad se resuelve entre dioses monógamos: Juno e Izumo se entienden y, después, la puerta del óvulo se cierra para que no entren más.
Localizar estas moléculas clave servirá para resolver muchos problemas de fertilidad, y también para investigar nuevos métodos anticonceptivos, que falta nos hacen.

Y así, fecundado o no, el óvulo se desplaza por ese bosque interior que han recreado con tanta delicadeza en la película en 3D y, una vez en el útero, anida si está fecundado, o la gran célula de las homínidas se desploma, sin drama, y se pierde para siempre.

 

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