¡Frío! ¿Por qué los pezones crecen y el pene mengua?

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Chris Hemsworth (el marido “Thor” de Elsa Pataky), jugando a la camiseta mojada en el show de Jimmy Fallon, un late night muy popular en EE.UU.

Una fiasco imaginar a Leonardo Di Caprio al salir de las aguas de iceberg que se llevaron al Titanic. Aunque no hace falta hundirse en el Atlántico para experimentar un mini “drama” biológico que produce el frío. El otro día, el helado Madrid justificaba la pequeñez anatómica de un actor desnudo que bailaba en una obra de teatro que montó mi colega Amelia, Barcelona Mapa de Sombras. En el acto final, un joven fantasma, con cuerpo de Adonis, salía a escena sin textiles y, en el escenario de invierno, bailaba, a todas luces víctima del efecto reductor que ejerce el frío en todo pene que no se resguarde.

Salí de la obra, y pensé en esta contradicción térmica: ¿Por qué los pezones crecen con el frío y los penes menguan?

El pezón sobresale

Lo cierto es que el asunto de la erección del pezón es un misterio anatómico aún no resuelto del todo, pero existen algunas explicaciones. Parece que es una reacción vestigial, de las que tenemos incorporadas en nuestro disco duro heredadas de nuestros primitivos ancestros, similar a cuando se nos pone la piel de gallina. La areola, esa zona más oscura que rodea el pezón, está sembrada de células musculares que se contraen cuando se estimulan con el frío, y, al fruncirse hacia adentro, hacen que el pezón sobresalga.

Lo que despista es que este efecto, el de la erección del pezón, también se produce con la excitación sexual. De ahí la confusión masculina, y el éxito de los concursos de camisetas mojadas. Me explico. Cuando una mujer se excita sexualmente, su cerebro se pone a destilar oxitocina, y esta hormona, de grandes habilidades, entre otras muchas actuaciones activa ese reflejo “pilo motor” que encumbra el pezón sobre todas las cosas.

¿Qué ocurre entonces con los concursos de camisetas mojadas? Pues que el macho humano ve los pezones erectos y, automáticamente, su cerebro primitivo da un respingo. La relación más simple es Erección = Excitación y, como un resorte, sin pasar por la lógica, concluye que la mujer está excitada. Es un fenómeno parecido a cuando uno se asusta de su propia sombra. El cerebro primitivo, el más rápido, el que reacciona ante el hambre, el miedo y el sexo, confunde la sombra con una amenaza, y hace que salgas pitando. Y, así, la señal que percibe el macho ante el pezón erecto es de excitación en la mujer, aparentemente preparada para reproducirse en el sentido menos bíblico de la palabra. El asunto del frío ni pasa por su cabeza. Muchas mujeres siente vergüenza cuando sus pezones erectan con el frío, y es por la misma razón, notan que su cuerpo está emitiendo una señal falsa, la sombra de un león, que no se corresponde con la realidad de lo que en esos momentos está pasando por sus cerebros, y que no es otra que ¡hace un frío del carajo!

El pene menguante

En el caso del pene, el efecto es el contrario. Todo hombre, cuando tiene frío, nota que el suyo encoge. Tampoco hay grandes estudios que lo expliquen, pero sí alguno que se aproxima. Parece que al descender la temperatura, los vasos sanguíneos se contraen de forma general en toda la superficie del cuerpo, pene incluido, para llevar sangre caliente a los órganos internos. Eso hace que el pene se “vacíe”, y parte de él se esconde en el tejido graso que recubre el hueso púbico, lo que hace que parezca más corto. Algo así como si se metiera en el iglú. Esto, por supuesto, no impide que en cuanto aumente la temperatura se expandan a su estado alegre de siempre, y la sangre regrese sin problemas.

Hay otro efecto palpable en el hombre helado, y tiene que ver con salvaguardar la producción de espermatozoides: los testículos se encogen y esconden cuando se exponen a temperaturas frías (salen más cuando hace calor). Esto es porque el esperma almacenado en los testículos debe mantenerse a una misma temperatura para que las células germinales no se dañen. Encogiéndose, y colocándose más cerca del cuerpo, los testículos se mantienen más calientes.

A la reputación del bailarín de mi amiga Amelia le habría venido bien un caldito caliente antes de salir a escena.

Y este giff es un regalito para las homínidas.

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