“La infancia pasa rápido, no olvides la importancia de disfrutarla”. Primera lección del candidato a mejor profesor del mundo

César Bona, candidato a mejor profesor del mundo.

César Bona, candidato a mejor profesor del mundo.

Le veo entrar en la redacción de QUO. Lleva una mochila naranja a la espalda, y un gorro de lana de una absoluta sencillez. Es César Bona (Ainzón, Zaragoza, 1972), candidato a mejor profesor del mundo. Es el único español que figura en la lista de 50 finalistas del Global Teacher Prize, un galardón internacional que reconoce la labor del profesorado y al que presentaron su candidatura más de 5.000 aspirantes de 127 países. El premio está dotado con un millón de dólares (unos 800.000 euros). Lo primero que me pregunto es qué se está perdiendo mi hijo, de 11 años, por no tener un pofesor como él. Empiezo por aquí. Creo que merece la pena verlo.

La importancia de llamarse Applewhite.

 

“La importancia de llamarse Applewhite” es un película realizada por César Bona con los 6 alumnos de la escuela unitaria de Bureta (Zaragoza), un pueblo al oeste de Aragón, con solo 200 habitantes. La película es una delicia de imaginación.  “Llegué a aquella escuela y descubrí que de los 6 alumnos, los únicos niños del pueblo, dos de ellos no se hablaban. Sus familias habían tenido conflictos, y esto hacía que los niños no se dirigieran la palabra. Pensé hacer una película con ellos dos de protagonistas. Las familias de ambos participaron en el proyecto”.

Los dos niños de Bureta ya se hablan, las familias también.

Le pido a César un rato para charlar, y no tiene prisa.

-“¿Qué les enseñas?”, pregunto

-“A ser curiosos”, responde.

-“¿Cómo lo haces?”

-“Si tú pones en clase una caja cerrada y te vas, todos se acercan y finalmente la abren. Les enseño una actitud. Ser curiosos, preguntarse: qué, por qué, para qué ante cualquier cosa. Todo niño es curioso, imaginativo, creativo. A veces entran por la puerta de la escuela y todo eso desaparece. Todos podemos ser curiosos, imaginativos y creativos el resto de nuestras vidas, si no nos mutilan de niños. Y la creatividad nos salva. Hoy, con tantos problemas de paro, aquellos que son creativos pueden encontrar más opciones”.

-¿Por dónde empiezo yo, como madre?

– “Pregunta cosas a tu hijo, no le des todas las respuestas. Hazle protagonista. Una niña llegó a clase y me preguntó: ¿Por qué en los pueblos hace tanto frío? Le dije que no lo sabía, y le pedí que lo investigara. Ella llegó con la respuesta, y me enseñó un montón de cosas. Nosotros, para buscar información, teníamos un libro. Ellos cuentan con Iternet, que para mí es un océano que tiene tanto latas sucias como tesoros. Ahora tienen una posibilidad increible de buscar información sobre lo que quieran. Enséñale a buscar tesoros”.

– ¿No tienen bastante con hacer los deberes?, pregunto.

– “¡Los deberes!”, exclama.  “Los padres tienen que disfrutar de los niños, y los niños disfrutar de la infancia. Esto no pasa si la vida es deberes, cenar, cama. Así todos los días. El tiempo pasa rápido, y sin darte cuenta el niño ya no es niño. Te has empeñado, por inercia, en que sepa cosas: inglés, chino, robótica… ¿Y qué? ¿Dónde está la niñez? Se nos olvida que vuela el tiempo. La infancia pasa, no lo olvides. Yo, cuando era niño, cogía el bocadillo y hacía cabañas junto al río. Ahora tengo dos carreras. En la vida cada uno encuentra su camino, no tengas prisa ni miedo”.

-¿Y cómo encuentra un niño su camino?

-“En COU yo aún no sabía qué quería hacer, y ya no era un niño. Deja que tenga tiempo para descubrirlo. El futuro no es solo una carrera. Si tiene tiempo para descubrir qué le gusta a él, encontrará ese camino”.

-Lo que cuentas es volver a los básicos de un buen ser humano, le planteo.

-“Les enseño inglés, matemáticas, sociales, pero también respeto, cuidado al otro. Nadie puede rebatir esto: da igual los idiomas que hables, o las carreras que tengas. Lo importante es cómo hago sentir a otra persona, y cómo me hacen sentir, y cómo reacciono ante esto. Sí, hay una inercia social de que tienes que ser académicamente muy formado, pero la base fundamental de una vida es la emoción, y nadie puede rebatirlo. Si queremos mejores personas, y un mundo mejor: respeto y auto exigencia positiva”.

-¿Auto exigencia positiva? ¿Eso qué es?

-“Siempre les escribo una frase en la pizarra: “No pain, no gain”, sin esfuerzo no hay recompensa. Cualquier cosa que quieras, ser arquitecto, mecánico, lo que sea, necesitará esfuerzo. Pero hagas lo que hagas, no olvides que lo que importa es que después llegas a casa, y se trata de ser feliz,   que hagas feliz a tus hijos, a tu mujer, a los tuyos. Estos niños son los que en pocos años regirán nuestros país, cuidarán a sus maridos y mujeres, respetarán a sus vecinos. Ahora están aprendiendo a hacerlo. A la hora de elegir colegio, lo importante no es pensar qué cole cae más cerca, sino qué profesores van a educar a nuestros hijos”.

-Expliame cómo introduces estos valores de los que hablas al enseñar tus asignaturas.

-“Por ejemplo, si tienen que preparar algo en inglés, les pido que hablen del cuidado a las personas mayores, o de cómo cuidar la naturaleza. Y lo hacen en inglés. Con los chavales de sexto de primaria del Colegio Orba de Muel había que hacer un proyecto virtual, y ellos decidieron hacer una protectora de animales en internet, El Cuarto Hocico. Mi aula es una micro sociedad, y lo que hacen aquí lo continúan cuando salen. Son altruistas, no piensan solo en sí mismos… No es teoría. Respetar a los ancianos, a los animales, y a los otros, te hace ser más feliz”.

-¿Cómo les enseñas a ser altruistas?

-“Un día en clase tracé una línea vertical en la pizarra. Y les dije: cómo cada uno se construye como persona es absolutamente voluntario. Tú puedes ir a este lado de la raya, y quedarte pasivo ante una injusticia, o ir a este otro y ver cómo alguien se le ha roto la bolsa de la compra y correr a ayudarle. Depende de ti, tu calidad como persona depende de tus actos. Un tiempo fui entrenador de fútbol. Una tarde los niños se pelearon entre ellos, y les dije que al día siguiente no vinieran al entrenamiento. Les dije que antes que jugadores quiero personas en mi equipo”.

-¿Te cree alguien? ¿Los directores? ¿Otros profes? ¿Los padres?

-“Comprueban que funciona. Me preguntaron si merecía la pena hacer una peli de cine mudo. Y vieron que sí. Unos padres se preocupaban por la gramática, y por la lengua… Después del proyecto me escribieron una carta que decía: ” Gracias, porque ahora mi hija es capaz de dar un paso ante las injusticias, es una persona mucho más íntegra, y ha aprendido gramática”.

-¿Y los adultos, estamos preparados para enseñar a los niños?

-“Ser maestro es una gran responsabilidad, y cuando uno estudia una carrera hay que ser consciente de lo que va a hacer, es una actitud vital, y a lo mejor habría que medirlo de una forma extra. Si no eres curioso no puedes fomentar la creatividad, o la curiosidad, o el respeto. A los adultos nos falta gestionar las emociones, porque nadie nos ha enseñado. Hay que empezar por enseñar a los profesores. Aunque ya hay cientos de maestros que hacen grandes cosas”.

César se marchó de la redacción de QUO y, unos minutos después, me llegó una nota de prensa sobre un libro de reciente publicación. Pensé en lo que hay de un lado y del otro de la línea vertical que César pinta en la pizarra del cole, y que, es cierto, cada uno decide de qué lado se coloca.

niñorico

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