La pelea por los embriones de Sofía Vergara. ¿Cómo actúan los jueces tras un divorcio?

 

  Sofia Vergara,   durante el rodaje de una escena de  "Modern Family"

Sofia Vergara, durante el rodaje de una escena de “Modern Family”

 

“Sí, hemos tenido un caso similar al de Sofía Vergara y su ex marido”, me cuentan en el Instituto Madrileño de Infertilidad (IMF). “Un hombre nos pidió por carta destruir los embriones que había congelado con su ex pareja. Nos pusimos en contacto con la mujer. Ella no sabía nada de la intención del hombre. En ningún caso podemos proceder a la eliminación de los embriones si no tenemos el acuerdo de ambos miembros de la pareja. No se destruyeron. Los embriones siguen aquí”.

El relato del IMF es respuesta a mi pregunta sobre el caso de la actriz Sofía Vergara (Modern Family :-). Me refiero al litigio por los embriones que fecundaron y congelaron la actriz y su ex pareja, Nick Loeb.

Nick ha reclamado ante los tribunales los embriones que llevan su material genético y duermen en un letargo indefinido, a -196 º en un tanque de una clínica de fertilización. “Quiero ser padre”, dice Loeb, “Y no quiero que esos embriones se destruyan”. Añade en declaraciones a la revista US Weelky: “Siempre he creído firmemente que la vida empieza en la concepción y que cada embrión es vida en el viaje hacia el nacimiento” .

Sofía Vergara, la otra mitad donante del material genético congelado, dice, sin embargo, que los embriones están bien donde están, en su letargo.

“Es excepcional un caso así”, me dicen en el IMF, pero ocurre. “Cada vez son más las parejas que acuden a clínicas de fertilización para resolver la paternidad, y se prevé que los litigios por el embrión aumenten”.

Sin embargo la ley, a día de hoy, es vaga sobre qué hacer ante un reparto de material genético cuando la pareja se ha roto. Y el destino embrionario queda en manos del sentido común de los jueces.

Es verdad que un embrión no es una lámpara, y que los jueces de hoy no son Salomón, así que, ¿cómo hacemos a la hora de repartirlo?

¿Qué haría un juez español ante un caso así?

En un tribunal, ante las leyes, un embrión es “un proyecto reproductivo”. Así lo nombra Esther Farnós Amorós, profesora de Derecho Civil en la Universidad Popeu Fabra de Barcelona al otro lado del teléfono.

Esther hizo su tesis doctoral sobre el consentimiento a la reproducción asistida, en el cual es esencial el consentimiento informado, un documento que hay que firmar antes de iniciar cualquier tratamiento de reproducción asistida. En ese documento, que se firma antes de que hiberne lo que sea, hay que poner una cruz en las casillas que indican qué se quiere hacer con gametos y embriones si finalmente no los usamos para tener un hijo. Y las opciones son estas:

  • a) La utilización por la propia mujer o, en su caso, su cónyuge femenino.
  • b) La donación con fines reproductivos.
  • c) La donación con fines de investigación.
  • d) El cese de su conservación sin otra utilización (su destrucción).

Me llama la atención la “a)” de la Ley. “Utilización por parte de la mujer…”.

¿Esto significa que la mujer tiene derecho a utilizar el embrión incluso después del divorcio?

“Es muy vago lo que dice la ley de Reproducción Asistida en nuestro país. El artículo 11 de la Ley 14/2006 sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida no se refiere a los casos de ruptura del proyecto parental, habla solo de posibles destinos del embrión cuando éste ya no se precisa para el proyecto parental de la pareja. Literalmente esto podría hacer pensar que da derecho a la mujer cuando la pareja ya no existe, pero dudo que un juez lo aplique de esta manera. Creo que hoy ningún tribunal español permitiría que una vez rota la pareja la mujer pudiera implantarse los embriones creados con esperma de su ex marido”.

¿En ningún caso se contempla su uso por parte del hombre?

“No, en ningún caso se habla de que el hombre pueda usar ese material genético”.

Esther me cuenta que al menos 20 casos similares han llegado ya a tribunales en EE.UU, y asegura que aumentarán, también en nuestro país.

¿Qué han resuelto los jueces por ahora?

“En EE.UU hay una tendencia clara. Ningún juez ha ejecutado un acuerdo que permitiera utilizar a una parte los embriones creados con material del ex durante su relación”.

Recuerdo a Esther el caso de Natalie Evans. Evans quedó estéril en noviembre de 2001, después de que se le extirparan los ovarios a causa de un cáncer. Y reclamó el uso de los embriones que había congelado con su ex pareja. Él se negó.

El caso Evans llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. ¿Cómo se resolvió?

“La ley británica permite a cada parte revocar su consentimiento a la utilización de embriones creados con su material hasta cualquier momento previo a la implantación, y el hombre hizo uso de esta posibilidad. Aunque la mujer estaba en una situación límite, le habían extirpado los óvulos, no podría tener hijos biológicos nunca más. El caso llegó a Estrasburgo, al Tribunal Europeo de Derechos humanos que, en 2006 falló que prevalecía la legislación británica, que permite a cualquier parte revocar su consentimiento en cualquier momento previo a la implantación. En 2007 la Gran Sala confirmó este pronunciamiento”.

¿Qué alegaba el ex marido de Evans?

Lo que alegaba el hombre era: “ No quiero ser forzado a ser papá.” En los casos británicos, Natalie Evans y Lorraine Hadley, ambas señoras sabían que sus ex maridos no querían ser padres. Ellas les dijeron que no iban a pedirles ninguna obligación como padres, pero en la posición de los ex maridos hay algo más más allá de lo legal, y es que no quieren que haya alguien por el mundo con sus genes, que sea hijo suyo. No es solo que no les reclamen nada, es que no quieren tener hijos biológicamente suyos con sus ex esposas”.

¿Y cómo queda la mujer, que ya no puede tener hijos?

“Son casos límite, mujeres que ya no podrán ser madres. Pero son casos ajenos al derecho. No podemos legislar pensando en estos casos. Las leyes son muy generales, es una pena , pero esta mujer debería poder adoptar o prever la situación congelando óvulos antes de la extirpación de sus ovarios o de someterse a tratamientos médicos agresivos que pueden poner en riesgo su capacidad reproductiva en el futuro. Ahora esta última técnica está mucho más avanzada que cuando se planteó el caso Evans. En último término creo que hay que salirse de ese “esencialismo biológico” de “quiero mi hijo genético”, no sé hasta que punto esto debe estar protegido por la ley. Los tribunales americanos a día de hoy están a favor del presunto derecho del hombre a no ser forzado a procrear, este prevalece frente al también presunto derecho de la mujer a ser madre”.

¿Hay alguna excepción que haya favorecido a la mujer?

“Sí, hubo un caso de una mujer argentina en el que los tribunales dieron prevalencia a la mujer y a su derecho a ser madre, pero desconozco si finalmente los embriones acabaron siendo implantados y si nació un niño”.

En el caso de esta mujer argentina, del año 2006, la decisión del tribunal tenía dos argumentos fundamentales: proteger los embriones al otorgarles el status de persona por nacer, y considerar que el hombre aceptó la paternidad biológica desde el momento en que accedió al tratamiento de fertilización asistida.

En su fallo, las juezas Marta del Rosario Mattera y Beatriz Alicia Verón sostuvieron que “para la ley civil argentina se es persona desde la concepción”, a pesar de que en el Código Civil se habla de “concepción en el seno materno”. Las juezas hicieron extensivo ese concepto al “concebido fuera del seno materno”.

¿Y el hombre? ¿Recuerdas algún caso de un hombre que reclamara el uso de embriones congelados?

“Sí, hay algunos casos norteamericanos en que los hombres reclamaban la donación de los embriones a otras parejas o incluso su “custodia”, con el fin de evitar su destrucción. En alguno de estos casos, como el pionero “Davis c. Davis” (Tennessee, 1992), el hombre tenía fuertes convicciones religiosas y la destrucción de los embriones iba absolutamente en contra de su morall”.

Le pregunto a Esther qué opina sobre el caso de Loeb y Sofía Vergara.

“Desde el punto de vista de género, me llamó la atención que fuera él (y no ella) el que pidiera la paternidad. Son pocos, muy pocos, los casos de hombres que reclaman el uso de embriones post ruptura. Normalmente es la mujer quien lo hace. Así que me pareció orginal, porque rompe la idea tradicional de género de que es la mujer la que quiere ser madre a cualquier precio”.

Planteo a Esther si los embriones se consideran en un tribunal algo así como un jarrón.

“Podemos defender que los embriones no son personas pero tampoco son cosas… son una categoría intermedia, por lo que la cuestión de su protección jurídica es ciertamente compleja”.

Derechos: a ser madre, a ser padre, o a no serlo. La moral: ¿qué es lo que está congelado en un tanque? ¿Un grupo de células, un embrión, un proyecto reproductivo, un no nacido? En las Clínica de Reproducción Asistida se almacenan latentes algunas de las grandes polémicas de nuestra sociedad. Pienso que ni el Rey Salomón tendría claro qué es lo justo.

 

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