Archivo por meses: abril 2015

Epidemia de mujeres que beben a solas

 

Scarlett Johansson fue el rostro de la campaña de Moet et Chandon de 2009

Scarlett Johansson fue el rostro de la campaña de Moet et Chandon de 2009

“Oblivion Drinker” (Bebedoras para olvidar). Esta es la etiqueta que ya le han puesto en EE.UU a un creciente fenómeno. Se trata, dicen los expertos, de mujeres de clase media que utilizan el alcohol para dejar a un lado el estrés del día. Y alertan de los riesgos. Señalan la copa de vino como “la pequeña ayuda de mamá” (mother’s little helper) y avisan de que muchas mujeres sustituyen los ansiolíticos recetados por un copa al final del día. “Es una epidemia”, declara la psiquiatra Henrietta Bowden-Jones y añade: “Mujeres inteligentes, con carreras profesionales de éxito, e hijos, están usando el alcohol como una herramienta para conseguir que su cerebro deje de ir a 300 millas por hora”. Conozco a mujeres que beben a solas. Yo lo hago.

Algunas mujeres beben vino al final del día, otras un gin tonic, o whisky escocés. Algunas mujeres beben vodka. En las pelis norteamericanas las mujeres beben solas en la barras de los bares, pero esas no son de verdad. Las que lo hacen, las ciertas, tienen un lugar elegido para ese trago: puede ser en la bañera caliente, o en la terraza de casa, o en la pequeña salita cuando ya no hay ruido de niños ni lavadoras.

Son mujeres transparentes, como el líquido de la ginebra y, también como la ginebra, llenas de aromas que se aprecian si las degustas despacio.

Las mujeres que beben solas saben que ese es un minuto de libertad. Un momento para ellas, nada que ver con pintarse las uñas, o comprarse un vestido. En el primer trago, paladean el eco de las endorfinas que el alcohol desata en el cerebro, y se relamen. Entonces aparcan las confusiones, los quehaceres cotidianos, el dobladillo del pantalón, la reunión del miércoles, la cita que salió regular. Todo queda del otro lado, y gozan ese instante como una transfusión de sangre oxigenada. Cuando amanece, infatigables, vuelven a poner en marcha el día a día.

Las mujeres que beben a solas saben que ellas flotan tras cualquier naufragio. Conocen ya que la vida tiene baches, dificultades, que hay cosas que hacen herida. Y también saben que después se pasa.

Son mujeres con historia, con muchas historias, que no necesitan contar más veces, son las mujeres que le gustaban a Chavela Vargas (Mujeres con historia y hombres con futuro). Chavela, que bebió 45.000 litros de tequila.

A veces bailan, y lo hacen sin mirar quien mira. A las mujeres que beben solas no les importa nada lo que piensen de ellas, ni los vecinos, ni los psiquiatras. Si esa copa de vino, si el gin tonic que paladeo esta noche mientras escribo, aparta a un lado el ansiolítico caro que hoy recetan como aspirina, bienvenida sea esta epidemia.

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¿Quién fue La Dama de Rojo? Un misterio, de hace 18.000 años, replantea a la mujer en la Prehistoria

 

JeanMarieRecons copia

La investigadora alemana Jean Marie Geiling, autora principal del trabajo publicado en “Journal of Arachaeological Science”, sobre la distribución de los huesos humanos y otros restos, recrea la posición real que que tenía La Dama de Rojo en su tumba.

Una mujer tuvo el extraordinario privilegio de tener una tumba hace 18.000 años, en un momento en que nuestros antepasados raramente enterraban a sus muertos. Una tumba, un ritual, una lapida que indicaba que allí, bajo las losas de piedra, yacía una mujer, y flores, flores amarillas que impregnaron el lecho de polen. La enterraron dos veces, tuvo dos funerales.

¿Quién era? ¿Por qué la enterraron dos veces? ¿Quién le llevó flores? ¿Por qué pintaron sus huesos? ¿Por qué fue una mujer la merecedora de algo tan excepcional entonces como un ritual y una tumba que preservara sus restos? ¿Fue una reina? ¿Una artista? ¿Fue…?

La Dama de Rojo, así la llaman los investigadores que han encontrado sus huesos, pintados con ocre (del color de la sangre), enterrados bajo cuatro bloques de piedra en la cavidad más profunda de la cueva de El Mirón (Cantabria).

Al otro lado del teléfono responde a mi llamada, y a mis dudas, Manuel R. González Morales, de la Universidad de Cantabria, uno de los investigadores principales de la cueva de El Mirón.  Le pido que me lleve hacia atrás, un viaje al pasado.

“El Ministerio del Tiempo no existe, Lorena”, me dice, pero no es cierto. De su mano viajo 18.000 años atrás, a los días en que vivó la Dama de Rojo.

“Efectivamente se han excavado montones de cuevas del Paleolítico Superior en la Península Ibérica, y no hay enterramientos, no era la regla. La Dama de Rojo debía ser alguien excepcional, alguien muy especial en la comunidad, representaba algo muy importante”, confirma Manuel.

¿La Reina de la Edad de Piedra?

-”¿Qué?” , le pregunto. “¿Cómo se era excepcional hace 18.000 años? ¿Podría ser la Reina de la Edad de Piedra?”
-”¡Ostrás!”, exclama Manuel.  “No había reinas en aquellas comunidades. Al menos no es lo que pensamos”.

Era un momento en que hubo un resurgimiento de la figura femenina en el arte. Las Venus Paleolíticas de periodos anteriores, esas figuras de nalgas, vulvas y pechos colosales que tallaban en piedra, habían dado paso a representaciones más estilizadas y, fundamentalmente, a grabados pictográficos: uves y triángulos abundan en grietas y salientes.

Quizá la Dama de Rojo era una artista (sueño), quizá, una musa (sueño), quizá fue la mujer que inspiraba grabados teñidos de ocre en los salientes de la roca, quizá una líder de aquel grupo humano que habitaba la cueva… Manuel  reconstruye los hechos:

“Aquí yace una mujer”

“A esta mujer le hicieron un ritual, la enterraron en un lugar claramente elegido, protegido al fondo de la cueva.  En la pared que está pegada al enterramiento, hay una serie de grabados finos muy nítidos, grabados rupestres, profundos, líneas recubiertas por un complejo motivo que parecen dar forma a una figura humana, femenina, esquematizada, con triángulos encajando uno dentro de otro, que parecen formar ese triángulo púbico muy presente en representaciones paleolíticas”.

El enterramiento había sido señalado. Triángulos y líneas que parecen indicar: “Aquí yace una mujer”.

-“¿Por qué sabéis que la enterraron dos veces?”, pregunto a Manuel.

-“El esqueleto no estaba en conexión anatómica cuando lo encontramos. Los huesos estaban relativamente dispersados. Y no estaba completo. Encontramos la mandíbula, la tibia derecha y el peroné. Y vimos que la tibia tiene comidas las cabezas articulares, está la caña, pero faltan las cabezas. Claramente esos huesos habían sido mordisqueados por un carnívoro de tamaño medio, un perro, o un lobo. Entonces ya tenían perros que les acompañaban. Y lo que vimos en los huesos es la actuación típica de estos animales cuando juegan”.

-“¿Un animal sacó los huesos de la tumba?”

-“Efectivamente. Pero esa tibia, por encima de las mordeduras, igual que la mandíbula y el peroné, está recubierta de ocre.  Esto lleva a pensar que reabrieron la tumba después de que el animal, de algún modo, la profanara. Embadurnaron los huesos de ocre, quién sabe si para purificarlos, y volvieron a enterrarla. Además, se llevaron los huesos más grandes, y el cráneo”.

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La tibia, cubierta de ocre

 

Una ofrenda de flores

“Sabemos que posiblemente depositaron flores en su tumba”, me cuenta Manuel. Encontraron en el lecho de la cueva una gran concentración de polen de un grupo de plantas (Chenopodiaceae). Son plantas que tienen flores pequeñas, amarillas, y de un color gris verdoso. “El hecho de que los pólenes aparecieran  agrupados indica que no los llevó el viento desde fuera, sino que había flores allí dentro”.

De los muchos estudios realizados hasta el momento de los restos de La Dama de Rojo sabemos que debía tener entre 35 y 40 años, que estaba sana (al menos en cuanto a lo que su esqueleto cuenta), que no era muy alta, algo más de 1,50 m, y sí algo robusta. Comía salmón, carne de ciervo, al menos la mitad de su dieta eran frutos secos, raíces, brotes de plantas y, sobre todo,  vegetales, herbáceas, y también setas.  Debía pertenecer a un grupo, de unas 20 o 30 personas, pasar en la cueva gran parte de la primavera, el verano, el inicio del otoño y, cuando venía el invierno, iría  a la costa, con mejor clima. Tenía lazos de relación con otras bandas similares, y entre ellos se conocían, “algo así como parte de una Gran Nación, como dirían los indios americanos”, me dice Manuel. Es posible que entre aquellas bandas hubiera intercambios de mujeres. Quizá la Dama de Rojo era una de las elegidas.

Y, bien, ¿quién fue esta mujer? Reina, líder, artista, musa, amante o amada… Sin duda, su esqueleto rojo, acompañado de flores, indica que la mujer tenía un papel relevante en aquellos grupos de primeros humanos.

Regreso de mi viaje en el tiempo. Me habría quedado un rato más allí, comiendo salmón y buscando setas, sobre todo ahora que ya es primavera.

 

Todo esto, que me cuenta Manuel, es el resultado de 20 trabajos científicos que se han ido publicando en la revista Journal of Archaeological Science. Aún queda alguno por publicarse, como el de los resultados del análisis de ADN.

 

La introducción y contexto (Lawrence Guy Straus, Manuel R. González Morales, David Cuenca Solana).

La síntesis general (Lawrence G. Straus, Manuel R. González Morales, Jose Miguel Carretero, Ana Belen Marín-Arroyo)

Los grabados y pinturas (Manuel R. González Morales, Lawrence G. Straus)

Distribución de restos (Jean Marie Geiling-Ana Belén Marín)

Vegetación y micromamíferos (María-José Iriarte-Chiapusso, Alvaro Arrizabalaga, Gloria Cuenca-Bescós )

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