El amor erótico en un bote de bichos

Litografía del artista chino Wu Ming Zhong, para una obra qué tituló ¿cuánto dura el amor.  http://yanggallery.com.sg/artists/wu-ming-zhong

Litografía del artista chino Wu Ming Zhong, para una obra que tituló: ¿Cuánto dura el amor? http://yanggallery.com.sg/artists/wu-ming-zhong

El miércoles voy a entrevistar a Gerald Hüther. Alemán, uno de los 17 sabios que asesoran a Angela Merkel. Le trae a Madrid la Obra Social la Caixa (por si os interesa asistir). Es catedrático en ciencias naturales, doctor en medicina. Ha escrito un libro: La evolución del amor. En él arremete contra los biólogos sociales, cercena con su hacha la era que vivimos en la que prima la competitividad; pone a caldo a los científicos que durante un siglo han apostado por explicar al ser humano, porque dice que las explicaciones biológicas justifican el odio, la ira, el egoísmo que hoy nos mueve…

Gerald Hüther hace esta propuesta: iniciemos un nuevo modelo científico, la biología del amor. Apostemos, propone, por el amor como pegamento que una a la sociedad, y hagámoslo desde la ciencia. Me pregunto si Angela Merkel ha leído el libro de este sabio.

Hay grandes hallazgos en La evolución del amor, editado por Plataforma actual. Entre ellos, una curiosa imagen con la que recrea el amor erótico. Utiliza, como metáfora, un frasco lleno de bichos. Unos se colocan en la parte alta del bote, otros en la parte baja. Unos bichos son hombres (metafóricamente, claro) los otros, mujeres.

Dice Hüther que una de las más tempranas experiencias que tenemos como seres humanos es la de pertenecer al genero masculino o al femenino (algo que no siempre tiene que coincidir con lo que seamos biológicamente). Nos identificamos desde pequeños con ser chica o chico, y adoptamos las formas de pensar y comportarse de ese género elegido con más intensidad que las del otro.

El rol sexual tendrá que ver con la cultura, la región en la que vivimos, la época…. Si viviéramos en el Tíbet (dice Hüther) seríamos mujeres de otro modo, y hombres de otro modo. Y a partir de ahí, crecemos.

En todas las épocas y en todos los lugares de este planeta hay algo que ha sido y será siempre igual: todo ser humano en su proceso de crecimiento siente, intuye o sabe que existen otras experiencias, que solo habría podido tener si hubiera pertenecido al otro sexo.

Las mujeres no conocemos qué es ser hombre. Los hombres no saben qué es ser mujer. Nuestro mundo es solo la mitad del mundo. Y dice Hüther que solo podemos ser conocedores del mundo en su totalidad si nos unimos. Habla de “fusión” de esas experiencias de las que cada uno solo conoce la mitad. Y eso es lo que los antiguos griegos llamaban “amor erótico” (que no tenía por qué surgir forzosamente y de un modo exclusivo entre un hombre y una mujer).

La fusión de dos mundos. Eso es lo que según Huther ocurre en mi cama cuando amo. Y también en el bote de bichos del que os hablé al principio del post.

Experimento para ver en directo el amor erótico.

Esta es la propuesta de Hüther.

  1. Coge un par de hojas de árbol marchitas.
  2. Mételas en un recipiente de agua sin cloro.
  3. Coloca el bote bajo la luz de una lámpara
  4. Prepárate para observar el amor erótico.

De las hojas cuelgan unos organismos unicelulares diminutos y primitivos (Blepharisma spec.), que despertarán de su letargo en el frasco con nutrientes y luz. Empezarán a reproducirse por partición (sin sexo) como lo vienen haciendo desde tiempos inmemoriales. En el bote encuentran alimento de la hoja marchita y descompuesta, y energía en forma de luz, de la lampara.

    1. Pasados tres días vierte el agua con los bichos prehistóricos en otro frasco y lo pones bajo la lámpara.
    2. Ahora que no hay hoja, el alimento será cada vez más escaso.
    3. Los bichos se ponen a nadar, y eligen. Unos se sitúan en el fondo del frasco (donde hay más nutrientes, pero poca luz). Otros se colocan en la superficie del agua (menos nutrientes, más luz).
    4. Abajo, un mundo con mucha comida y poca energía.
    5. Arriba, cerca de la lámpara, un mundo al revés, mucha energía, pero pocos nutrientes.
    6. Y, en el frasco, el agua en el medito es clara y limpia.
    7. Hüther nos pide que imaginemos que en un mundo (bote arriba o bote abajo) crecen hombres y en el otro mujeres.

Hasta que ocurre lo que el sabio llama “milagro”.

      1. Esperamos un tiempo hasta que los alimentos abajo escasean, y la energía arriba no alcanza para todos.
      2. De repente, como si se hubieran encendido una chispa, ambos grupos de organismos empiezan a nadar al encuentro del otro. Arriba y abajo el agua se vuelven clara, y todos se reúnen en el centro.
      3. Los de arriba y los de abajo empiezan a secretar unas sustancias que despiertan la irresistible atracción de los otros. Ambos grupos empiezan a nadar en dirección a ese rastro aromático y terminan encontrándose forzosamente en el centro.
      4. Y entonces ocurre. Se puede ver bajo el microscopio; siempre dos organismos, uno de arriba y el otro de abajo, se unen. Sus membranas celulares chocan y se funden. Surge una abertura. A través de ese orificio se intercambian componentes de su interior y, lo más importante, intercambian su sabiduría: la información contenida en ellos, sus conocimientos, lo que les ha dado la posibilidad de vivir en mundos de arriba o de abajo, tan distintos.
      5. Comparten sus experiencias y, después, se separan. Unos vuelven al mundo de arriba, otros viajan al mundo de abajo. El agua del frasco vuelve a quedar clara en el centro. Pero ahora, los dos grupos se las arreglan mejor aunque haya menos energía arriba y menos nutrientes abajo. Han aprendido de los otros a crecer sin ese recurso.

Y así, con este experimento de bichos prehistóricos en un frasco, este sabio alemán me ha enseñado a amar mejor.

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