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El hombre que inventó las compresas baratas revoluciona Bollywood

El actor Akshay Kumar, que ha protagonizado 37 pelis en Bollywood, interpreta el papel de Arunachalam Muruganantham

Bollywood produce películas a granel (1.200 al año) con más colorido que un puesto de saris. Son producciones simplonas, musicales, de picaruelos coquetos (que diría mi madre), donde no hay sexo, ni drogas, ni malos rollos. Así que PadMan, la película que se estrena el 26 de enero, es una rareza argumental. Trata sobre el caso real de un hombre que investigó cómo hacer compresas baratas. El trailer ya lo han visto 20 millones de personas.

El protagonista, Akshay Kumar, es el actor que más dinero da a Bollywood en estos días. Y Kumar, que tiene más fans que George Clooney, ha aceptado interpretar el papel de Arunachalam Muruganantham, un activista social abanderado de una de las luchas por la mujer más llamativas de las que he oído en los últimos tiempos.

Muruganantham perdió a su esposa, a su madre y le echaron del pueblo por enfrascarse en la ignominiosa tarea de fabricar compresas baratas, muy baratas, lo suficientemente baratas para que pudieran usarlas las mujeres de las aldeas más humildes de la India.

Muruganantham conoció esta cotidiana situación cuando vio a su mujer esconder algo de lo que se avergonzaba. Supo de la existencia de la regla por primera vez en ese momento, ya casado. No hay encuestas para saber a cuántos hombres les ocurre esto, pero apostaría a que la cifra es alta. Shanthi, su mujer, le hablo de la existencia de compresas, y señaló que si las usaran las mujeres de la familia, no quedaría dinero para comprar leche.

Muruganantham fue al mercado y compró compresas. Las pesó y se preguntó por qué 10 gramos de algodón, que costaban 10 paisa, se vendían a 4 rupias: 40 veces más caras.

Y decidió fabricar compresas que las mujeres de su pueblo pudieran pagar. Entonces no sabía que, además, estaba buscando solución a uno de los grandes problemas sanitarios invisibles en la mujer: las enfermedades ginecológicas e infecciones derivadas del uso como compresa de harapos, hojas, hierbas, periódicos, trozos de relleno de colchón e incluso barro.

Muruganntham necesitaba sangre para hacer pruebas. En una entrevista a la BBC en India, explicaba que se la suministraba un amigo carnicero, y que otro conocido le proporcionaba un anticoagualante que la mantenía licuada. Un balón de fútbol agujereado hacía las funciones de útero, y, a partir de ahí, hizo mil y una pruebas con distintas opciones en algodón. Pero nada servía. Seguía sin dar con el producto que buscaba. En este periodo fue cuando le abandonó su mujer, su madre, y en el pueblo le tildaron de loco.

Estuvo dos años probando sin éxito. No lograba saber de qué están hechas las compresas comerciales. Hasta que se hizo pasar por dueño de un telar y consiguió que le enviaran muestras de la materia prima. Para su asombro, recibió en casa tablones de celulosa, directamente de la corteza del árbol.

La capacidad de absorción de la celulosa lo mejoraba todo. Después consiguió fabricar una máquina simple, casi como un utensilio de cocina, para triturarla a muy bajo coste.

En 18 meses fabricó 250 máquinas que llevó a los estados más pobres y poco desarrollados en el norte de India, los llamados BIMARU o “estados enfermos” de Bihar, Madhya Pradesh, Rajastán y Uttar Pradesh. Desde entonces  son mujeres quienes se encargar de fabricarlas, y cuestan menos de un tercio del precio al que la venden las marcas comerciales.

Ahora le toca a Bollywood ponerle música. No me imagino a Muruganntham en la vida real bailando, pero si tiene que hacerlo para que esta historia se extienda por el mundo, que baile lo que haga falta.

Una imagen reciente de Mr. Arunachalam Muruganantham discutiendo sobre las claves de la innovación, con Bill Gates y Ms. Sue Desmond-Hellmann de la Bill & Melinda Gates Foundation

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