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¿Por qué las mujeres no lamen a sus bebés después del parto?

Foto: Getty Images

Lo hacen todas las mamíferas. Gatas, jirafas, leonas..  Tiene numerosas ventajas, además de la obvia de limpiar a la cría, y en todo caso se trata de una tarea de la hembra. Cuando la cría nace, el gato macho o el león ya andan a otras cosas. Pero ¿por qué nosotras no les lamemos?

Los que explican el comportamiento animal. encuentran numerosas buenas razones para limpiar con la lengua restos de placenta y el líquido amniótico. La primera es eliminar bacterias que pudieran afectar a la cría, además, podría ser una enorme fuente nutritiva para la madre que, tras el parto, necesita reponer energía sin que haga falta salir a cazar ratones. Hay otra razón que tiene sentido si vives en la jungla, y es eliminar rastros de olor que indiquen que ahí hay un tierno recién nacido, delicatessen para cualquier depredador con rugidos en el estómago.

Las humanas no tenemos que camuflar su olor para evitar que se los coman, además, tenemos manos. Nuestra lengua no interviene en la higiene, ni siquiera en la propia. Lo expertos aún le dan  otra ventaja, y es que al lamer a la cría, la madre identifica que es la suya, y ese podría ser el comienzo de un lenguaje íntimo que se inicia en el minuto 0 de la vida.

Con todo esto, parece que no es humano lamer a nuestros recién nacidos. Sin embargo, en algunos estudios antropológicos se ha mencionado que las mujeres tibetanas, a finales del siglo XIX, lamían a sus crías como comportamiento habitual. ¿Entonces? ¿Acaso sí es humano?

En una página que se ocupa de hacer Fotografías de Família, Senhoritas fotografía, publicaron la siguiente fotografía, y se vitalizó con muchísima polémica. La foto llevó a plantear  muchas cuestiones: ¿Lamer es uno de esos comportamientos que los humanos perdimos en el camino de la evolución porque no son necesarios, o porque lo hemos reprimido? Quizá alguna vez fue parte de nuestro día a día, cuando no teníamos tanto escrúpulo para usar la lengua.

 

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El cuerpo de la mujer explicado en un hermoso libro de 1900

La posición del feto durante el embarazo. Anatomie de la Femme

Hoy casi todo el mundo ha visto alguna vez su cuerpo por dentro. Una radiografía del primer hueso roto; la ecografía en 3D durante el embarazo, con una imagen tan real del feto que hay incluso quien ya le saca parecidos con la abuela… Quizá ya tengas edad para haber visto el resultado de tu primera mamografía, y hayas descubierto que el pecho de la mujer por dentro tiene canales y surcos que recuerdan a la superficie de la luna. Pero los escaners, resonancias y radiografías son tecnologías recientes. Las primeras miradas al interior tenían que hacerse en autopsias y, para contar lo que descubrían los primeros anatomistas, sirvieron las ilustraciones.

Había muchas maneras de divulgar al público aquellos descubrimientos. Incluso se hicieron barajas de cartas explicando el sistema circulatorio o el cerebro. Uno de aquellos medios eran los flapbooks, pop ups, o libros troquelados. Eran lo más interactivos posible en tiempos en los que interactuar solo era posible abriendo ventanas de papel con los dedos. Permitían ver los órganos internos, sus proporciones respecto a lo que les rodea, y el sistema al que pertenecen.

Anatomie de la Femme

Uno de los pop ups más cuidados es Anatomie de la Femme, publicado alrededor de 1900 en París por Vigot Frères, una firma que se especializó en libros de medicina y también publicó la correspondiente anatomía masculina.

Aunque los flapbooks habían aparecido ya en el 1500, su edad de oro fue a finales del siglo XIX y principios del XX. Pocos sobrevivieron intactos hasta el día de hoy. De Anatomie de la Femme solo quedan dos copias de esta edición en Francia, en la Bibliothèque Nationale y en la Bibliothèque interuniversitaire de santé, y una en la UC San Francisco. Son tres joyas que me encantaría tocar, abrir sus ventanas con los dedos hasta el interior de un cuerpo como el mío: de mujer.

Estás son algunas de las ilustraciones que me han parecido más hermosas. La que muestra las glándulas mamarias parece una mariposa.

 

Ilustración de Anatomie de la Femme

Ilustración de Anatomie de la Femme

Ilustración de Anatomie de la Femme

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¿De qué hablamos cuando hablamos de monogamia?

 

Es posible que este sea el estudio “Un millón” sobre la monogamia. pero es el primero que la cuantifica, aunque sea de modo colateral. ¿Qué significa exactamente ser monógama o monógamo? En este estudio, que acaba de publicarse en la revista científica PNAS es posible encontrar una respuesta mínima.

El objetivo de los científicos de la Universidad de Texas, en Austin (EE UU) era buscar si hay una “base genética” de la monogamia. Es decir, si hay unos genes que se expresan de un modo distinto en aquellos más dados al “para siempre”, y si ha sido así a lo largo de los últimos 450 millones de años.

Analizaron cinco pares de especies, e hicieron dos grupos, el de monógamos y el de poliamorosos. Entre los monógamos, las figuras fueron los ratones californianos, los topillos de la pradera, un pájaro conocido como bisbita alpina, la rana venenosa Ranitomeya imitator y un pez (Xenotilapia) que vive en el lago Tanganica, en África central. Entre los polígamos están los ratones ciervo, los Microtus, el acentor común, otra rana venenosa (Oophaga pumilio) y otro pez cíclido africano.

Y bien, encontraron esa marca genética que buscaban. La expresión de una misma serie de genes (24 en total) en el cerebro del equipo de los monógamos coincide, tanto si es rana monógama, como topillo de la pradera.

Pero al leer atentamente el artículo científico es cuando aparece la respuesta a la pregunta de esta noticia. ¿Cómo definieron la monogamia? ¿Había que ser inquebrantablemente fiel? Pues no del todo. Los científicos identificaron como monógamas a especies que se emparejan al menos durante una temporada de apareamiento y comparten en alguna medida las tareas de alimentar a las crías y defenderlas, considerando no relevante que tuvieran algún escarceo ocasional durante ese periodo de crianza.

En este estudio no podía faltar el emblema de la monogamia entre mamíferos: el topillo de la pradera. Estas parejas cuidan a sus crías juntas y no parecen perder la pasión a lo largo de una vida en común. Sin embargo, incluso ellos tienen escarceos puntuales que, en ocasiones, dejan huella. De hecho, se calcula que alrededor del 10% de las crías de una pareja no son hijos del macho que las cuida. Hay que añadir que no todo topillo es igual a los otros. Algunos deciden incluso no emparejarse nunca.

(artículo publicado en QUO.es)

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