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Amigovio, la Real Academia rebautiza al “follamigo”

amigobio

Recuerdo a un par de amigovios con verdadero cariño. La RAE acaba de aprobar este término, ‘amigovio’, para que entre en la próxima edición del Diccionario de la Lengua Española. Es un término popular en países como Argentina, Paraguay, Uruguay o México.

La  RAE lo define así: persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”.

Lo han criticado mucho en Redes Sociales, pero a mí me alegra que la RAE les haya dado nombre “formal”, porque lo de ACD (Amigos con Derecho a Roce) siempre me pareció pelín memo, y el término “follamigo”, mucho más popular, creo que pierde altura. Un amigovio me parece más científico, porque me recuerda a los gobios (con b) marinos, pececillos que merodean los corales. Algunos tienen una maravillosa peculiaridad (los gobios, digo) y es que viven en simbiosis con invertebrados crustáceos. El crustáceo les da cobijo, y el gobio les defiende. Los gobios peces tienen un enorme coraje.

Con el amigovio es parecido: una simbiosis perfecta. Es una relación que se mueve en una zona incierta. La relación, ni es formal ni es informal. Ni hay mucho, ni hay poco compromiso. Hay sexo, o no lo hay. Abunda la confianza, y nadie habla de futuro romántico.

Si hay algún temor en una simbiosis con un amigovio es que alguno se enamore de más. Como vivimos en la era del “hay estudios para todo”, encontré uno, publicado en la edición de noviembre de 2013 de la revista Archives of Sexual Behavior.

El estudio cuenta que son relaciones más habituales entre los 17 y los 30 años. El equipo de investigación, dirigido por el Dr. Jesse Owen de la Universidad de Louisville en Kentucky, encuestó a casi 1.000 estudiantes universitarios. Entre los 300 que tuvieron un amigovio, el 80% habían continuado su amistad después de que acabara el roce. Sólo alrededor del 10-20% de los amigovios se convierten en relaciones comprometidas a largo plazo. Y el temor más destacado de todos ellos era que el otro pudiera querer más.

Hay pocas  referencias en cine y literatura que exploren esta relación. Lo habitual es que se cuenten  relaciones de amigos que no se van nunca a la cama. Solo recuerdo al protagonista de la trilogía Milenium, las novelas de Stieg Larsson. El periodista, Mikael Blomkvist, mantiene una relación con una misteriosa amigovia con la que solo queda para tener sexo. Aunque en este caso creo que es más “follamiga” que “amigovia”.

Una relación con un amigovio puede concluir de muchas maneras diferentes. La tensión sexual se puede disipar (lo que ocurre inevitablemente con el tiempo ). O el sexo ya no funciona muy bien. O uno de ellos se enamora de otro. Lo extraordinario es que a un amigovio casi nunca se le parte el corazón. Como en el caso de los simpáticos gobios marinos, si el crustaceo se echa pareja, el corazón del pez no se resiente.

 

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