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Las mujeres Apple no hacen pis

 

¿El único lugar en el que hay cola para entrar en el baño de hombres mientras que el de mujeres está vacío?

¿El único lugar en el que hay cola para entrar en el baño de hombres mientras que el de mujeres está vacío?

Ayer se inauguró la Conferencia de desarrolladores Apple WWDC 2015. Gran acontecimiento para los expertos en tecnología del mundo. El aforo, repleto, se nutría principalmente de desarrolladores de software. Y hoy llegó por redes sociales esta foto que muestra un auténtico misterio biológico que se produce en el corazón del futuro, y es que las expertas en tecnología no hacen pis.

5.000 asistentes (éxito total) garantizan cola en los baños. Pero en esta ocasión, en el Moscone Center de San Francisco, donde se celebra el gran evento, la cola estaba en los baños de hombres. Puede ser que las desarrolladoras no hagan pis, también que lo hagan a más velocidad de lo que ocurre en otros sectores.

Pero puede ser que la anecdótica foto constate la falta de mujeres en este sector en amplísimo desarrollo.

Recordemos que para paliar este abismo (el de la falta de mujeres, no el de la velocidad en el pis), a Apple se le ocurrió la polémica idea de ofrecer a sus trabajadoras la oferta de congelar óvulos para tener hijos a futuro, y pagaba los costes.

Algunos, los más escépticos, opinan que de misterio biológico nada de nada, y que este gráfico, que muestra la presencia (escasa) de mujeres en las grandes empresas de tecnología, es la razón del raro misterio en los baños del Moscone Center.

grafico

Que las mujeres no eligen profesiones altamente competitivas porque aún no está resuelto el asunto social de que los hijos son de todos, explica por qué son tan bajas las columnas de color morado (mujeres) en el gráfico. Pero hay otra razón más.

La explico con esta interesante acción de las agrupaciones musicales en Estados Unidos. Revisaron sus políticas de admisión de nuevos componentes en las orquestas desde 1970, y encontraron que había poquísimas mujeres. Entonces decidieron cambiar las cosas. Empezaron a hacer la selección de músicos a telón cerrado. Es decir, se les oía, pero no se les veía. El resultado fue que desde 1970 a 1997 las mujeres aumentaron sus posibilidades de pasar las rondas preliminares en un 50%. Hay muchas más mujeres cuando el seleccionador no conoce su género.

El eslogan de Apple de su conferencia de este año es «El epicentro del cambio». No sé si se refieren a los cuartos de baño del Moscone Center.

 

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Epidemia de mujeres que beben a solas

 

Scarlett Johansson fue el rostro de la campaña de Moet et Chandon de 2009

Scarlett Johansson fue el rostro de la campaña de Moet et Chandon de 2009

“Oblivion Drinker” (Bebedoras para olvidar). Esta es la etiqueta que ya le han puesto en EE.UU a un creciente fenómeno. Se trata, dicen los expertos, de mujeres de clase media que utilizan el alcohol para dejar a un lado el estrés del día. Y alertan de los riesgos. Señalan la copa de vino como “la pequeña ayuda de mamá” (mother’s little helper) y avisan de que muchas mujeres sustituyen los ansiolíticos recetados por un copa al final del día. “Es una epidemia”, declara la psiquiatra Henrietta Bowden-Jones y añade: “Mujeres inteligentes, con carreras profesionales de éxito, e hijos, están usando el alcohol como una herramienta para conseguir que su cerebro deje de ir a 300 millas por hora”. Conozco a mujeres que beben a solas. Yo lo hago.

Algunas mujeres beben vino al final del día, otras un gin tonic, o whisky escocés. Algunas mujeres beben vodka. En las pelis norteamericanas las mujeres beben solas en la barras de los bares, pero esas no son de verdad. Las que lo hacen, las ciertas, tienen un lugar elegido para ese trago: puede ser en la bañera caliente, o en la terraza de casa, o en la pequeña salita cuando ya no hay ruido de niños ni lavadoras.

Son mujeres transparentes, como el líquido de la ginebra y, también como la ginebra, llenas de aromas que se aprecian si las degustas despacio.

Las mujeres que beben solas saben que ese es un minuto de libertad. Un momento para ellas, nada que ver con pintarse las uñas, o comprarse un vestido. En el primer trago, paladean el eco de las endorfinas que el alcohol desata en el cerebro, y se relamen. Entonces aparcan las confusiones, los quehaceres cotidianos, el dobladillo del pantalón, la reunión del miércoles, la cita que salió regular. Todo queda del otro lado, y gozan ese instante como una transfusión de sangre oxigenada. Cuando amanece, infatigables, vuelven a poner en marcha el día a día.

Las mujeres que beben a solas saben que ellas flotan tras cualquier naufragio. Conocen ya que la vida tiene baches, dificultades, que hay cosas que hacen herida. Y también saben que después se pasa.

Son mujeres con historia, con muchas historias, que no necesitan contar más veces, son las mujeres que le gustaban a Chavela Vargas (Mujeres con historia y hombres con futuro). Chavela, que bebió 45.000 litros de tequila.

A veces bailan, y lo hacen sin mirar quien mira. A las mujeres que beben solas no les importa nada lo que piensen de ellas, ni los vecinos, ni los psiquiatras. Si esa copa de vino, si el gin tonic que paladeo esta noche mientras escribo, aparta a un lado el ansiolítico caro que hoy recetan como aspirina, bienvenida sea esta epidemia.

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Las mujeres inteligentes no tienen hijos.

Cameron Díaz: “Tengo una vida increíble en muchos sentidos porque no tengo hijos”

Es un estudio incendiario, y su autor, Satoshi Kanazawa, ya se había ganado la medalla de polémico y excesivo por trabajos anteriores. Yo lo archivo como inquietante broma estadística. Voy al grano. Lo que concluye Satoshi es que cuanto más alto es el CI (Cociente Intelectual) de una mujer, menos hijos tiene.

Satoshi Kanazawa es investigador de la London School of Economics y, para realizar su trabajo, ha recogido datos de mujeres, con o sin hijos, y los resultados de los test de inteligencia que les hicieron durante la infancia, momento en el que estas pruebas (más o menos discutidas) se realizan en los colegios británicos.

Lo que ha encontrado Kanazawa es que: “La media del CI de las mujeres que no han tenido hijos era de 105.3, mientras que el CI de las que han sido madres es de 101.7”.  La diferencia en el promedio es casi de cuatro puntos, muy grande y estadísticamente significativa.

El estudio se ha publicado en un momento en el que el lema “Hijos No” (No Kids) gana fans. En 2009, Cameron Diaz declaraba: “Tengo una vida increíble y, en cierto sentido, tengo la vida que tengo porque no tengo hijos. No creo que sea una obligación tener hijos y no creo que sea una obligación no tenerlos, simplemente me parecen opciones distintas”. Desde entonces, a la “confesión” de Cameron se sumaron grandes del cine como Renée Zellweger (Bridget Jones):  “La maternidad nunca ha sido una ambición para mí. Tan sólo quiero ser independiente y ser capaz de cuidar de mí misma”, y la contundente Helen Mirren: “No tengo instinto maternal alguno”. Pero la tendencia No Kids llega cuando en Occidente la natalidad se tambalea peligrosamente. Y el estudio de Kanazawa echa nueva leña para avivar el fuego. Dice el autor del estudio que si el descenso de hijos se produce entre las mujeres más inteligentes, el CI de la población mundial descenderá.

Para Kanazawa: “Dado que las mujeres tienen un mayor impacto en la inteligencia media de las generaciones futuras, es previsible que se produzca una disminución de la inteligencia media de la población en los países industriales avanzados”.  La pregunta importante me parece que es: ¿Por qué algunas personas deciden no tener hijos?

El “invierno demográfico” (Demographic Winter)

La natalidad cae en picado en Occidente, y es una preocupación de primer orden. Si el sociólogo francés Auguste Comte tenía razón cuando dijo “La demografía es el destino”, echémonos a temblar para lo que se nos viene encima. Los expertos que estudian las razones de este Efecto Hamelín, en el que los niños desaparecen de las ciudades, apuntan que todos los aspectos de la modernidad van a favor de la vida sin hijos.

Un hijo es caro, muy caro, y (afortunadamente) ya no es una inversión para la vejez. Tenerlos ya no es una férrea ley social: ya solo las abuelas mantienen la cantinela del “se te pasa el arroz”. Además, las mujeres de hoy no vinculan su felicidad exclusivamente al hecho de ser madres.  En estudios recientes en los que se mide la felicidad, los hijos apenas alimentan la satisfacción, e incluso en algunas encuestas se valora como negativo. Conciliar vida laboral con vida profesional es un nudo que ahoga y, sobre todo en España, el hecho de tener hijos está aún muy asociado al abandono de la formación y el desarrollo personal. Así que todo apunta a que tendremos que abrigarnos para paliar el granizo del invierno demográfico que vaticinan los expertos.

Queda otra “broma” de Satoshi Kanazawa, lo que él llama La paradoja de la inteligencia.  Los humanos hemos desarrollado herramientas que nos permiten ir más allá de los “mandatos biológicos”. Los anticonceptivos permiten que reproducirnos sea una elección, que nada tiene que ver con perpetuar la especie o darle sentido a nuestra vida, ni siquiera con el disfrute del sexo. La naturaleza No siempre es sabia.

Y con todo esto, qué opinas tú: ¿Qué te parece una vida sin hijos?

 

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