Archivo del Autor: Lorena Sánchez

Encuentran una “bella durmiente” momificada, enterrada con su espejo

 

(Institute for the History of Material Culture)

(Institute for the History of Material Culture)

Esta es la imagen de una momia femenina encontrada al sur de Siberia. Es una mujer joven que fue enterrada en algún momento alrededor del siglo I dC.

Su tumba estaba en la ribera del río Yenisei, aguas arriba de una presa gigante. De mayo a junio, las aguas de la presa retroceden, lo que permitió a los arqueólogos acceder a la tumba. Estaba cuidadosamente vestida,  con ropa de seda y un cinturón de cuentas con una hebilla que parece decorada. También encontraron algunos enseres que dan muestra de su riqueza.

La enterraron en un ataúd de piedra, que permaneció firmemente sellado. Así que el cuerpo se momificó de forma natural. Está especialmente bien conservada. Los tejidos blandos, la piel, la ropa y hasta los objetos funerarios se han encontrado casi intactos. Por su vestido y los bienes que la acompañan, podría ser una nómada huna, pueblo de la estepa, y muy apreciada, posiblemente una noble. La acompañaba dos recipientes, uno de ellos un jarrón Hun. Ambos con comida funeraria, y en el pecho, una bolsa de piñones.

Llevar un espejo a la eternidad

Además, cerca de la cabeza,  han encontrado una caja redonda de madera, cubierta con corteza de abedul, y dentro, un espejo chino en un estuche de fieltro

Los arquéologos la llaman “la bella durmiente”. No es la primera que recibe ese apodo. La más famosa se descubrió en una zona que perteneció alguna vez al antiguo reino de Aksum, en lo que hoy es Etiopía y Eitrea. También enterrada 2.000 años atrás.  Es el esqueleto de una mujer, con la barbilla descansando suavemente sobre una mano. Frente a su calavara,   un espejo de bronce de la época romana.

Quién me iba a decir que hay que llevar espejos a la eternidad.

 

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“La pequeña pieza de ADN que hace a las niñas niños”. El falso mito del embrión hembra

Cromosomas X e Y. Los genes determinan el sexo en los humanos desde el punto de vista estrictamente biológico: sexo, no género.

La idea de que todos los embriones humanos en su origen son hembra está tan extendida que hasta aparece en un capítulo de Bob Esponja. Es un mito potente y, la verdad, me cuesta tumbarlo. Con el lastre de ser hija de una costilla de Adán, y a fuerza de tragarme el sapo aristotélico de “La mujer es un macho mutilado”, habría sido de justicia biológica que embrionariamente la universalidad fuera mujer.

Es verdad que hasta la séptima semana de gestación no comienza el desarrollo de los genitales masculinos. Entonces se activa un gen del cromosoma Y llamado SRY y  comienzan a florecer pene y testículos. Pero esto no significa que antes de ese momento, y sin el empuje del SRY, los embriones sean todos hembra. Desde el primer segundo, si acaso, podríamos decir que los embriones son hermafroditas.

Antes de la activación del SRY, es decir, desde el comienzo de todos los comienzos, en el embrión hay dos estructuras diferentes. Unas darán lugar a los genitales internos masculinos (conductos mesonéfricos), y otras a los femeninos (paramesonéfricos). Si entra en juego SRY, los conductos que dan lugar al pene se desarrollan, y los otros se reabsorben hasta desaparecer. Pero ambos están presentes en todos los embriones; así que no hay una universalidad femenina embrionaria, ni la hembra se come al macho, ni el macho embrión nace de ninguna costilla genética, ni tenemos justicia biológia que contrasrestre las sandeces de Aristóteles.

Sin embargo, hace unos días la revista Science se hacía eco de una nueva investigación con este título:  “La pequeña pieza de ADN que hace a las niñas niños”.    La autora del texto se pregunta: ¿Qué pasaría si pudieras bloquear un único interruptor de ADN y crear un mundo solo de mujeres? Y, ¿sería posible?

Los científicos británicos a los que alude Science han dado con el “interruptor” genético que impulsa el desarrollo en ratones de esas partes del cuerpo propia de los machos. Pero lo que resulta realmente llamativo  es que, si desactivan esos genes, el asunto se revierte. Donde se habrían desarrollado testtículos,  se forman ovarios indistinguibles de los de las hembras XX.

Algunas personas con DSD tienen cambios en su genoma cerca del gen Sox9 que alteran su expresión y conducen a la reversión sexual. Desarrollan genitales que no son lo esperado según su dotación cromosómica. Estos hallazgos pueden ayudar a mejorar su diagnóstico genético. Y no solo eso, ayudarán a que todos entendamos cada vez mejor las peculiaridades del desarrollo sexual humano.

 

 

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El año en que ardió algo más que los sujetadores

 

Foto Getty

1968 fue un año bisiesto y convulso. Ardían tantas cosas que la quema de sujetadores se dio por hecha, aunque no fuera cierta. Sin embargo, ardía Vietnam. Ardían Praga y su ilusionada Primavera. En México, los estudiantes caían acribillados en la plaza de las Tres Culturas. Y fue aquel el año en que una bala alcanzó de muerte a Martin Luther King. Así que el mundo echaba humo. Rusos y norteamericanos se median las espadas en la carrera  por pisar la Luna, y las bombas atómicas estaban terriblemente de moda. Hacía falta una revolución y liarse a pedradas para poder respirar entre tanto espanto.

“Debajo de los adoquines está el mar”, escribían en los muros de París francesas y franceses que tomaron la calle aquel Mayo del 68. En Estados Unidos, como esperanzada protesta contra la guerra de Vietnam, amanecía el “verano del amor. Y a un lado y al otro del Atlántico aquel fue el año de la Ilustración para la mujer.

Estas mujeres, entre muchas otras, fueron la llave de acceso absoluto a la cultura, al trabajo, a viajar, a casarte o no, a la pildora anticoncetiva, el aborto no penalizado, la libertad sexual…

Así nació el mito del sujetador en llamas

En Septiembre del 68  medio millar de mujeres se unieron para mostrar su rechazo a la celebración de Miss América en New Jersey.  Fue una protesta que asombró al mundo. Proclamas, cantos,  pancartas y, en medio de la calle, colocaron un gran cubo de basura en el que empezaron a arrojar lo que llamaron “instrumentos de tortura” como fajas, rulos, zapatos de tacón, pestañas postizas… Pidieron permiso a la policía para quemar el cubo, pero no se lo dieron, y nadie quemó nada. Sin embargo, al día siguiente ‘The Washington Post’ publicó un artículo que decía “La parte final y más trágica de la protesta tuvo lugar cuando varias mujeres quemaron sus sostenes”. Así fue como nació el mito. Desde entonces el  ‘bra-burning’  y  sus protagonistas, ‘bra-burners’ son un símbolo universal de la liberación femenina más rabiosa, un mito mediático que se ha mantenido vigente más de cuarenta años.

 

La mujer que explicó el orgamo femenino

Virginia Johnson investigó por primera cómo vive la mujer el sexo. Entrevistó a mujeres de todas las edades y todas las culturas. Sus trabajos junto con el doctor William Masters, revolucionaron lo que hasta entonces se entendía por sexualidad humana. Por primera vez las mujeres hablaban de sus orgasmos y se miraban las vaginas. Su segundo libro, “Human Sexual Inadequacy” de 1970,  les valió la portada de la revista Time y los resultados de sus estudios todavía hoy son referente. Nadie ha hecho hasta ahora un estudio tan profundo sobre la sexualidad (¡falta haría!). Virginia desarrolló las bases de lo que hoy es la terapia moderna del sexo.

No más premios secuestrados

Jocelyn Bell 1968

El mayor descubrimiento científico internacional del año fue el del primer púlsar, publicado en febrero en la revista Nature . Quien lo hizo fue Jocelyn Bell. Jocelyn estudió 400 metros del área del cielo, por primera vez en la historia alguien estudiaba una área celeste tan grande. El descubrimiento fue valorado como “de primordial importancia para la física y la astrofísica” por el jurado de los premios Nobel, que en 1974 premiaron a su jefe, Anthony Hewish. Los púlsar y Jocelyn Bell se consideran hoy como una bandera (o una puñalada) en la reivindicación del papel de la mujer en la ciencia. Al primer púlsar se le conoce como CP 1919, aunque debería llamarse estrella Bell.

 

La modelo que abandonó a un príncipe

Caroline de Bendern. Su foto es indiscutible icono del Mayo francés. Subida a hombros de su amigo el pintor  Jean-Jacques Lebel y ondeando la bandera de Vietnam, se convirtió en la nueva Mariam francesa. Su imagen era exactamente lo que se soñaba. Las nuevas mujeres, combativas y libres. Tomaron esta foto el 13 de  Mayo de 1968,  cerca del Jardín de Luxemburgo. Caroline tenía poco más de veinte años, era modelo de Dior y nieta de un súper millonario aristócrata que la desheredó cuando Caroline huyó de una boda preparada con un pretendiente a rey de Yugoslavia. Ella eligió largarse a Nueva York. Dejó al príncipe por una vida bohemia, con mucho sexo, muchas drogas y mucho rock. Todo eso era nuevo entonces. Entre sus amantes dicen que estuvo Lou Reed.

 

De Barbarella a Hanoi Jane.

De una foto a otra a penas pasa un año, y, claro, una revolución. Barbarella representó un ideal sexual a sepultar entre adoquines. La película exalta la belleza y las curvas de Jane con constantes cambios de vestuario, trajes minúsculos, brillantes y postmodernistas (uno de ellos diseñado por Paco Rabanne). El striptease en gravedad 0 está entre las escenas de cine más subrealistas de la historia. Pero entonces llegó el Mayo francés, y el movimiento hippie en California. En julio de 1972, la actriz estadounidense se embarcó en un viaje que marcó su vida y su figura pública para siempre, mucho más que los brillantes monos ajustados de Barbarella.  Fonda visitó Vietnam, como parte de su activismo contra la guerra. Se reunió con soldados vietnamitas y posó con las tropas enemigas. En EE.UU no se lo han perdonado.

La base cultural del feminismo

Foto Getty

Simone de Beauvoir ya tenía 60 años en aquel Mayo francés. Sin embargo el Tribunal Russell contra los crímenes de guerra en Vietnam contó con su presencia. Y ella fue quien redactó  el “manifiesto de las 343” mujeres que reconocían haber abortado alguna vez, (pocas sabían que ella no lo había hecho nunca). El manifiesto se publicó  en el diario Nouvel Observateur, en abril de 1971. La crisis generalizada revalorizó el libro más importante de Beauvoir, que ya había sido súper ventas dos décadas antes, El segundo sexo. “No se nace mujer, se llega a serlo”

Cubrir guerras y enfrentarse a Gaddafi

Oriana Fallaci fue corresponsal de guerra para L’Europeo en el conflicto de Vietnam. No era la única mujer corresponsal de guerra entonces, pero sí fue la más famosa. En 1968, Oriana estaba presente en la Plaza de las tres Culturas, en México, durante una manifestación de protesta contra la intervención de la UNAM por el ejército ; una vez más la represión, que hoy se recuerda como la Matanza de Tlatelolco. Aún no se sabe cuanta gente murió allí, sí que a Fallaci le hieron las balas. Fue la gran entrevistadora mujer del siglo XX. Sus entrevistas son históricas. Se sentaron frente a ella Golda Meir  Yasser Arafat, Federico Fellini, Indira Gandhi, el Sha de Irán Mohammad Reza Pahlevi, Henry Kissinger, Deng Xiaoping, Willy Brandt, Sean Connery. Es histórica su entrevista a Gaddafi. Oriana le puso en más de un brete.

Con Janis Joplin nos salieron alas

Foto Getty

En aquellos días Janis Joplin arrasaba. Ella era todo nuevo. Su voz, que no parecía una voz para cantar. Su pasión más allá de lo conocido, dentro y fuera del escenario. Su belleza ajena a todas las bellezas esperadas. Fue la imagen de una mujer icono para millones de mujeres. Esta foto la tomaron en Santa Clara, al norte de California, en mayo de 1968. La versión de Janis de Piece of my Heart sonaba en todo el mundo aquel verando del 68. En España íbamos a otro ritmo. Aquí sonaba el  ‘La, la, la‘ de Massiel que se convirtió el 6 de abril de 1968 en la canción ganadora de  Eurovisión.

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