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El Tiranosaurio Rex que cambió de sexo y otras incógnitas de género jurásico

Mary Schweitzer encontró la manera de determinar el sexo en dinosaurios. Con ella, la B.Rex

Mary Schweitzer encontró la manera de determinar el sexo en dinosaurios. Con ella, de perfil, B.Rex

“¿Cómo sabes si es dinosaurio o dinosauria?” A José Luis Sánz, paleontólogo, uno de los mayores expertos mundiales en dinosaurios y descubridor de tres especies nuevas, la pregunta le toca en blando.  “Lo normal es que no se sepa”, me dice y añade: “Sé muchas cosas sobre ellos, pero ni idea de si eran machos o hembras. No es que no haya dinosaurias, es que no sabemos cómo averiguar el sexo en especies fósiles de hace  más de cien mil años”.

Y así fue cómo José Luis Sánz me contó la historia del Tiranosaurio Rex antes llamado Bob.

Por regla general, el descubrimiento de un nuevo dinosaurio se trata como el hallazgo de un macho. Y así ocurrió con Bob, un esplendoroso esqueleto de Tiranosaurio rex descubierto en Montana por Bob (claro) Harmon, que dio su nombre al gigante jurásico.

Bob (el dino) estaba maravillosamente conservado y, entre sus petrificados huesos, quedaba algo de tejido blando. Encontrar tejido blando en un fósil de hace 65 millones de años es más azaroso que lo de la agujar en el pajar. Lo más normal es que cualquier cosa blanda (ligamentos, piel, etc.) desaparezca. Pero ahí, entre los huesos de Bob, quedaban restos blandos de médula ósea,  aprovechables para investigar.

Aquel tejido cayó en manos de una mujer, una paleontóloga de la Universidad de Carolina del Norte. Y ella encontró un método fino para determinar el indescifrable sexo de los dinosaurios. “Algo hasta ahora realmente difícil ―me explica José Luis Sanz― Todos los signos obvios de diferencia de sexo entre dos especies desaparecen cuando los tejidos blandos se fosilizan”.

La paleontóloga comparó aquel tejido con una capa de hueso similar a la de algunos pájaros vivos, y encontró una sustancia rica en calcio que solo tienen las hembras de algunos  pájaros en un momento clave de su vida, cuando necesitan nutrientes para hacer cáscara de huevo. Es decir, que aquella hembra de Tiranosaurio estaba, probablemente, a punto de poner huevos.

De ese modo se supo que el espectacular T-Rex de montana era “ella”, y ahora se llama B.Rex, a secas.

Hay poca maneras de estar seguro de que una dinosauria es hembra. “Pero esta lo es por huevos”, me dice Paleofreak (@paleofreak), un apasionado de los dinos que me cuenta el siguiente dramón familiar.

Se trata de una madre dinosaurio que murió con los huevos posiblemente aún en su interior.  La madre pertenecía a una familia rarita de dinosaurios de patas largas, carrera rápida y cráneo de pajarito, los alvarezsáuridos. Un equipo de investigación argentino-sueco encontró un reservorio de 70 millones de años con huesos y huevos fosilizados.

6a00d8341bf67c53ef016303fdd7b9970d-800wiLo interesante es que los huevos se encontraron cerca de los huesos articulados posteriores de las, a todas luces, dinosaurias. Es posible que estuvieran dentro de los oviductos de las hembras cuando murieron.   Así pues, estas alvarezsáurias patagónicas son hembras.

Un drama anterior, de hace aproximadamente 125 millones de años, les dio a los paleontólogos la posibilidad de aventurar que los cuidados parentales que tienen las aves (y en los que los humanos somos maestros), existían ya entre los dinosaurios.

A diferencia de los reptiles, que ponen su huevo y se largan, los dinosaurios parece que actúan como cigüeñas: empollaban sus huevos y defendían a sus crías.

La hipótesis tomó fuerza cuando encontraron el fósil de una dinosauria adulta tendida en un hueco que fue su nido y, en el interior, 34 crías del tamaño de un Chihuahua. La muerte debió llegar inesperadamente. Una inundación, o un derrumbe puedo acabar asfixiándoles. Pero para los paleontólogos, aquel hallazgo en Liaoning, en el noreste de China, fue un retrato de familia que les dio pistas para hablar de cuidados parentales.

Los dinosaurios de Liaoning eran psittacosauros, pequeños, comedores de plantas, y con picos parecidos a un loro. David J. Varricchio de la Universidad de Montana explicaba: “Siempre es un acto de fe deducir el comportamiento de un fósil. Pero, en este caso, es obvio que se trata de una madre dinosaurio que murió tratando de proteger a sus crías”.

¿Y no les sirve el tamaño para saber si es hembra?

Visto desde el humano (y desde la mayoría de los mamíferos), parece claro que el tamaño es una buena prueba para distinguir si un esqueleto es de mujer o de hombre. Pero con los dinosaurios el asunto se complica. Para empezar, porque no es posible saber con certeza si los de tamaño grande son ellas o ellos (en algunas especies, por ejemplo de rapaces, la hembra es más grande).

Uno de los casos de dimorfismo  sexual con más enredo entre los dinosaurios es el de los hadrosáuridos. Se han encontrado numerosos restos fósiles, y de lo más variopinto. Tienen pico de pato, y grandes diferencias entre cráneos y crestas. El caso más llamativo entre los hadrosáuridos es el de los Parasaurolophus, en el que se ha identificado como macho a los ejemplares con la cresta larga y recta, y como hembra a los que la tienen corta y curva. Pero, como me dice José Luis Sanz, podría ser justo lo contrario.

Y ¿qué hay del pene de los dinosaurios?

No hay fósil de dinosaurio con pene. Pero, ¿lo tenían? Hay paleontólogos que votan por el No  y quienes sostienen que sí.

No hay ningún fósil que permita saber con certeza cómo eran sus genitales.  Lo normal es que los órganos estén formados por tejidos blandos, que no fosilizan. Los gallos, por ejemplo, y numerosas aves, no tienen pene. Se aparean juntando sus cloacas. Las contracciones musculares provocan la eyección del esperma, que invade el órgano femenino, y a correr.

Recreación de una cópula de Tiranosaurios Rex en el Museo Jurásico de Asturias

Recreación de una cópula de Tiranosaurios Rex en el Museo Jurásico de Asturias

Es una postura que parece más ventajosas para un coloso como, por ejemplo, el T-Rex. Si el macho montara a la hembra, esta tendría que soportar entre dos y tres toneladas de peso en sus cuartos traseros.  Bruce M. Rothschild, paleontólogo de la Universidad de Ohio, decía que la reproducción del  Tiranosaurio sería una operación lenta y costosa: “Casi tan delicada como acoplar la Soyuz y la Mir”.

La hipótesis de unir las cloacas es, desde luego, menos arriesgada. Sin embargo hay quien defiende la teoría del pene de los dinosaurios. Olivia Judson, historiadora y bióloga evolucionista, asegura que podrían tener un pseudopene, como las avestruces, que tienen un órgano parecido a un falo escondido en la cloaca y que erecta para el apareamiento. Ella piensa que todos los antepasados de los pájaros lo tuvieron.

Y así, a día de hoy, la casi totalidad de los restos fósiles de dinosaurios que se han encontrado son de sexo indeterminado, ni “él” ni “ella”.

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