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Los juegos del útero. 21 piezas en papel maché para hacer un hijo.

cajaovulos

Eggology contiene 21 piezas en papel maché. La base es un útero a tamaño natural. El punto de partida son los folículos donde están los ovocitos. Ahí se inicia el pimball. El ovocito es expulsado del ovario y cae a la trompa uterina (de Falopio). Se detiene -el tiempo es importante. Un óvulo solo tiene una ventana reproductiva de 12 horas-. En ese lapso, hay que acertar, tiene que ser fecundado. Desafortunadamente, la maqueta no contiene espermatozoides, pero sí un juego de embriones en distintas fases de desarrollo que pueden ir colocándose en el útero siguiendo las instrucciones.

Eggology, en el francés original “ovologie “, representa el sistema humano reproductivo femenino y el desarrollo embrionario. Es obra de un meticuloso y visionario modelista, el Dr. Louis Auzoux. Y fue su gran éxito comercial. Se distribuyeron a mediados del siglo XIX, cuando aún se debatía entre científicos cómo es el asunto de concebir un humano.

¿Cómo se hacen los hijos?

Contestar a esta pregunta era un galimatías en el siglo XVII. Los primeros espermatozoides se vieron al natural en el año 1677. “Una multitud de animálculos (animalillos con cola), con el tamaño de un millón de veces menor que el de un grano de arena”, tal y como los describió su primer observador, Anton von Leeuwenhoek, a la Royal Society, aclarando que había obtenido las muestras “de forma natural durante el coito conyugal”.

El óvulo vino después. El gameto hembra siempre lo ha puesto todo más difícil. En 1827, un embriólogo germano-ruso, Von Baer, descubrió el óvulo en el ovario mamífero, y empezó a desentrañar el misterio.

En ese momento, mediados del S.XIX, fue cuando el Dr. Louis Auzoux diseñó Eggology. Le faltaba una clave al conocimiento de la reproducción: que óvulo y espermatozoide tienen que unirse irremediablemente. Por eso, entre las 21 piezas de su maqueta, no están los animálculos. Una pena.

“En la cabeza del espermatozoide hay un humano pequeño”

Representación de los pequeños humanos que contenía la cabeza del espermatozoide. La imagen es de una revista científica del año 1695.

Representación de los pequeños humanos que contenía la cabeza del espermatozoide. La imagen es de una revista científica del año 1695.

En el S.VII imperaba la idea de que la vida estaba en el espermatozoide, y la función de la hembra era solo alojar y alimentar la diminuta semilla del macho. Muchos científicos abanderaban entonces una de las más extravagantes teorías de la historia de la embriología: la Preformación.

Pensaban que el gameto masculino contenía, en su cabeza, a un ser humano diminuto, perfectamente formado, al que solo le faltaba crecer. No es extraño que se asomaran con fascinación a las primeras lentes, en busca de mini humanos contenidos en la cabeza de un espermatozoide. También había científicos ovistas, que pensaban que era el óvulo el que contenida al humano preformado, pero eran minoría.

Fue en 1875 cuando, gracias a los erizos de mar, se descubrió que óvulo y esperma, por separado, no tenían nada que hacer. Por sus investigaciones en el erizo de mar, Oscar Hastwering concluyó que sólo un espermatozoide penetra y fecunda al óvulo del erizo. Y ahí empieza todo.

Eggology, del Dr. Louis Auzoux, tenía fines didácticos, para médicos y profesores. Se conserva en una caja de madera con tapa lateral, donde el órgano principal ocupa la parte central y alrededor se ubican los diferentes estados del óvulo en sus distintas semanas de gestación.

Hoy, alguna de estas trabajadas maquetas forman parte del patrimonio científico-técnico de la Universidad de Zaragoza. Se encuentran en la Facultad de Veterinaria y en la facultad de Medicina.

Tres de las maquetas son de úteros en gestación.  A pesar de su antigüedad y el uso que se les ha dado, se conservan bastante bien, aunque aún no han pasado por ninguna restauración. Tienen pérdidas de pigmento y han acumulado suciedad, pero siguen siendo auténticas joyas en la historia del conocimiento de cómo se hacen los niños. Esta es una de ellas.

Maqueta clástica, obra de Dr. Louis Auzoux, que representa un útero en su octavo mes de gestación, dentro de la placenta con forma oval se puede abrir y deja ver el feto con su unión a esta mediante el cordón umbilical.

Maqueta clástica, obra de Dr. Louis Auzoux, que representa un útero en su octavo mes de gestación, dentro de la placenta con forma oval se puede abrir y deja ver el feto con su unión a esta mediante el cordón umbilical. Universidad de Zaragoza

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¿Por qué ellos tienen la nariz más grande, y nosotras más grasa?

Retrato de Carlos III de España

Retrato de Carlos III de España

Acabo de descubrir por qué ellos tienen la nariz mucho más grande. Como muestra infalible, este retrato de Carlos III, que  tantas veces me hizo pensar en el asombro de una nariz tan real.  “En ellas se me ha hecho la nariz casi la mitad más larga de lo que yo la tenía.”, llegó a decir con desparpajo el monarca. (“Ellas” son las medallas conmemorativas por la conquita de la Dos Sicilias).

Al grano, que me pierdo. La cuestión es que un nuevo estudio de la Universidad de Iowa, que se acaba de publicar en la American Journal of Physical Anthropology, ha medido narices por decenas y han llegado a la conclusión de que las de los hombres son, en promedio, un 10% más grandes que las de las mujeres en las poblaciones europeas. Y esta es la razón, segun el autor del estudio, Thomas Southard: ellos necesitan más óxigeno para alimentar su masa muscular. De ahí que la sabia anatomía les proporcione ventanas más luminosas.

Chicos y chicas comienzan a mostrar diferencias en el tamaño de la nariz en torno a los 11 años, cuando se inicia la pubertad. En la adolescencia, los varones ganan músculo, que requiere más oxígeno para trabajar adecuadamente, y, para cumplir con este mandato biológico, la nariz se permite más grandilocuencia. A más nariz, más óxigeno en sangre.

¿Qué ocurre con las homínidas?  Pues que al mismo tiempo que ellos ganan músculo, nosotras, se siente, ganamos grasa.  Durante la pubertad, aproximadamente el 95% de la ganancia de peso corporal de los chicos viene de la masa libre de grasa (músculos, vamos), en comparación con el 85% de la anatomía de las hóminidas, que ganamos grasa en caderas, muslos y alrededores.  Este crecimiento divergente hace que los varones tengan hasta un 45 por ciento de su peso corporal en músculo y las mujeres hasta un 30 por ciento del peso corporal en grasa.

Podríamos renegar de la caprichosa naturaleza, pero antes hay que verlo de otro modo. La razón para que nuestro cuerpo elija grasa es porque hace falta para que crezca y se alimente un embrión antes de que el bebé sepa comer sopa por sí mismo. Así, pues, para ellos la nariz.

Imagen del estudio de la universidad de Iowa

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