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Esta peli muestra que los espermatozoides se mueven como pájaros

Si mi DIU hablara, narraría la historia de un héroe épico. No he hecho las cuentas, pero en los últimos cuatro años se las ha tenido que ver con miles de millones de espermatozoides cabezotas que dan la vida y pierden la cola por fecundar un óvulo. Dentro de mi útero hay rica flora, fauna y (a menudo) cadáveres. Si alguno sobrevive, mi DIU se encarga 🙂 Hoy, científicos de la Universidad de Toronto “estrenan” una peli muda, en blanco y negro y 3D, en la que muestran que los espermatozoides realizan, en su viaje cavernoso, movimientos de cola similares a las serpientes y los pájaros cuando ascienden en una térmica. Todo por un sueño.

 

El viaje de los espermatozoides se compara a menudo con una regata en un océano inhóspito. Contra viento y marea, los argonautas sortean todo tipo de peligros hasta que solo uno (de uvas a peras) mete la cabeza en el vellocino de oro: un óvulo 85.000 veces más grande que él. Saber cómo se mueven tiene enorme interés en ciencia, sobre todo para seleccionar a los más hábiles y útiles para una fecundación in vitro. En esta primera película de la Universidad de Toronto, los protagonistas son espermatozoides de toro (no es metáfora).

Seguirles de cerca y en 3D ha permitido tener más detalles de cómo se desplazan y qué hace que solo uno alcance al gigante. La metáfora que usan los científicos que acaban de publicar el estudio en Nature Communications es que “se deslizan como las serpientes”. Serpenteando y pegados a la pared del útero, evitando la parte media. Y lo que nunca se había visto hasta ahora es que mueven sus colas con un patrón helicoidal: rota alrededor de un eje y avanza al mismo tiempo en la dirección de ese eje.  El movimiento de un pájaro en una corriente térmica,  al desplazarse, es más o menos así, helicoidal, compuesto de un movimiento para ascender y uno de giro alrededor del eje de subida. Y eso no lo hace el de los toros. En esta peli, en la imagen central, en 3D, se les ve haciendo “el pájaro”.


Cuando el líquido es más viscoso, la cola del espermatozoide humano realiza ese novedoso movimiento helicoidal, y, gracias a él, viaja un 50% más rápido que el del toro. El esfuerzo es mayor, porque ha de desplazarse por un tracto uterino más estrecho.

Seleccionar buenos regatistas es muy útil en fecundación in vitro, y más en estos tiempos en los que la calidad del esperma humano baja a ritmo de IPC. De ahí que esta película rodada en la Universidad de Toronto se haya llevado el aplauso de la comunidad científica,  aunque no acabe con beso.

Aquí se compara con el movimiento de la cola de un dragón.

dragon

 

esperma

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300.000 óvulos perdidos. Esta peli en 3D muestra cómo ocurre

A día de hoy, contando desde la pubertad, he perdido aproximadamente 300.000 óvulos. Juntos no me cabrían en el bolso. Podría haber repoblado un país entero si se hubieran fecundado. Ha sido una pérdida sin drama (una se acostumbra). Y ha ocurrido tal y como se narra en esta impresionante recreación en 3D hecha por  Hybrid Medical Animation para el área de salud de la mujer de la Clínica Mayo.

Cuando nací, mujer, mis óvulos contenían la friolera de 2 millones de óvulos que se esfumaron paulatinamente en el desarrollo. Al llegar a la pubertad, quedaban 300.000 mil, más o menos, y de ellos sólo entre 400 y 500 maduraron y protagonizaron una peli como esta.  Solo uno, en mi caso, fue fecundado, y le llamamos Héctor. De los óvulos que aún me quedan, pocos, solo el 1% son aún viables para tener un hijo. 

Se deterioran con la edad, nadie sabe muy bien por qué, y de ahí que ahora muchas mujeres decidan vitrificarlos cuando aún están en plena forma para tener hijos más tarde. Guardar un óvulo para luego es complejo. El espermatozoide soporta bien la vida congelado, pero el óvulo no. Su alto contenido en líquido hace que para preservarlo de la edad haya que recurrir a una técnica que es más o menos como si quedara envasado para el futuro.

Son aún muchos los enigmas que rodean a esta macro célula que siempre pintan de rosa. Sin embargo, uno de esos misterios del gran huevo está aclarándose.

La monogamía biológica: ¿Por qué sólo un espermatozoide?

Después de nueve años de búsqueda, científicos británicos han encontrado cómo sucede, qué puerta se abre en el óvulo para que sea solo un espermatozoide el que entra y fecunda.

Lo que han encontrado es una proteína que vive en la superficie del óvulo y que mantiene la puerta siempre abierta (estudio publicado en Nature). A esta molécula la han llamado Juno, como la diosa romana del matrimonio y la maternidad.

En 2005, investigadores japoneses también encontraron una proteína de los espermatozoides sin la cual no pueden entrar en el óvulo. Es una proteína que mantienen protegida durante el largo viaje por el útero y que actúa cuando llega al óvulo, como si mostraran una contraseña. Los científicos de Osaka la llamaron Izumo en honor de un santuario japonés dedicado al matrimonio.

Así que el asunto de la fecundidad se resuelve entre dioses monógamos: Juno e Izumo se entienden y, después, la puerta del óvulo se cierra para que no entren más.
Localizar estas moléculas clave servirá para resolver muchos problemas de fertilidad, y también para investigar nuevos métodos anticonceptivos, que falta nos hacen.

Y así, fecundado o no, el óvulo se desplaza por ese bosque interior que han recreado con tanta delicadeza en la película en 3D y, una vez en el útero, anida si está fecundado, o la gran célula de las homínidas se desploma, sin drama, y se pierde para siempre.

 

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