Archivo del Autor: Lorena Sánchez

Así es el cerebro de un maltratador

1. Las áreas del cerebro que mostraron diferencias significativas entre los grupos que participaron en el estudio (maltratadores a sus parejas o exparejas y otros delincuentes) tras someterse a una Resonancia Magnética Funcional

Las áreas del cerebro activas cuando los maltratadores veían imágenes de violencia contra mujeres.

Esta imagen es el resultado de una Resonancia Magnética Funcional del cerebro de hombres maltratadores cuando observan una imagen violenta contra una mujer. Acaba de llegar desde la Universidad de Granada. Es el resultando de un estudio que desarrollan investigadores del Centro Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de esta universidad. Y este es uno de los tres únicos estudios científicos en el mundo de este tipo.

Una de las principales conclusiones es que el cerebro de los maltratadores funciona de modo distinto al de otros delincuentes cuando observan imágenes de violencia de género. Ante ellas, se activan áreas cerebrales específicas, las que muestra la imagen superior. Mayor activación en la corteza cingular anterior y posterior y en la corteza prefrontal medial, y una menor activación en la corteza prefrontal superior ante imágenes de violencia de género con respecto a imágenes de contenido neutro.

Estas imágenes, según los investigadores, podrían explicar algunas de las alteraciones psicológicas que describen los maltratadores cuando se enfrentan a su compañera sentimental, como estrategias de afrontamiento desadaptativas, problemas en la regulación emocional en forma de obsesiones sobre la pareja, estados de ánimo como miedo, ira o rabia, miedo a ser abandonados, e inestabilidad afectiva repentina en forma de aumento de la ansiedad.

El catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada y responsable principal de esta investigación, Miguel Pérez García, investiga desde hace años el funcionamiento mental y cerebral de los maltratadores, así como el perfil de reincidencia de los mismos. A su juicio: “los resultados de estos estudios podrían tener implicaciones importantes para una mejor comprensión de la violencia contra las mujeres, así como de las variables que se relacionan con la reincidencia de los maltratadores”.

 

1. Las áreas del cerebro que mostraron diferencias significativas entre los grupos que participaron en el estudio (maltratadores a sus parejas o exparejas y otros delincuentes) tras someterse a una Resonancia Magnética Funcional

1. Las áreas del cerebro que mostraron diferencias significativas entre los grupos que participaron en el estudio (maltratadores a sus parejas o exparejas y otros delincuentes) tras someterse a una Resonancia Magnética Funcional

 

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Los bebés son corruptos. Se venden por 8 galletas.

 

Imagen de uno de los experimentos del Infant Cognition Center en la Universidad de Yale

Imagen de uno de los experimentos del Infant Cognition Center en la Universidad de Yale

El experimento que han diseñado Tasimi y Wynn, psicólogos del famoso “Baby Lab” de la Universidad de Yale, es muy simple, pero tiene su enjundia. El objetivo era responder a esta pregunta: ¿Venderán los bebés su alma a un mal tipo por una buena ración de galletas?

Los bebés del estudio tienen entre 12 y 13 meses. La escena: una marioneta gatito trata de abrir una caja de plástico, y se esfuerza. A su lado, dos perritos marioneta, el bueno y el canalla. El bueno le echa una mano al gatito y la caja se abre. El malo, salta una y otra vez sobre la tapa para que no lo consiga. Y bien…. La escena no es que dé para un peliculón, pero como experimento, sirve.

Después de la acción, perro bueno y perro malo ofrecen galletas al bebé. Cuando el perro bueno ofrece una galleta, y el malo dos, los bebés no dudan: Un 80% toma solo una galleta, la que le ofrece la marioneta con buen corazón. Pero, ¿qué ocurre si la cuantía se incrementa? El malhechor no tiene límites en su oferta, y en todos los bebés se aprecia un dilema antes de elegir, pero, finalmente, cuando la oferta supera las 8 galletas, la moral se retuerce y los bebés muestran una mayor tendencia a vender su alma.

En un experimento anterior realizado con niños de entre 5 y 8 años, con una oferta de pegatinas, el cisma ético se producía a partir de la pegatina número 16.

Los experimentos del Baby Lab sobre la moral son muy numerosos e interesantes. Escudriñan ese concepto que el filósofo del s.XVIII, Jean Jacques Rousseau, acuñó para la posteridad: que los humanos nacemos sin un sentido de la moral y que hay que educarnos para que nuestros comportamientos sean éticos. Para Thomas Hobbes (1588-1679) la cosa era aún peor, y ahí quedó:  “El hombre es malo por naturaleza”.

Pero el psicólo de Yale, Arber Tasimi, con sus experimentos discute a Rousseu, y encuentra pistas de una moral innata, que traemos con nosotros al mundo por el mero hecho de ser humanos, y advierte que hay que mimarla, educarla y conocer sus límites. “Queremos entender cómo somos los seres humanos antes de ser nada, antes del lenguaje, antes de la cultura, antes de cualquier influencia exterior”, explica Tasimi y destaca un detalle del experimiento que para mí es lo mejor: Hay algunos bebés que siempre, en todo caso, por más galletas que se pongan sobre la mesa, siempre se quedan con una, la única que les ofrece el buen tipo del experimento.

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Obelix llevaba bragas

Asterix

Obelix, un bárbaro del norte, el héroe que cayó en la marmita de los trompazos a granel, el ingenuo galo que transportaba menhires a la espalda, llevaba bragas. Ha sido mi hallazgo liguístico de esta mañana.

En los día de Obelix y los suyos, sus enemigos, los romanos, usaban una pequeñez que llamaban subligaculum para calentarse la entrepierna en climas fríos (culum es un sufijo que indica pequeño). Así, se enfrentaban a la batalla y al frío con un taparrabos diminuto. Los galos, sin embargo, vestían una prenda más abrigadita, larga hasta los pies, que recibía el nombre de “braga”. De ahí que a los galos les llamaran bracati (bragados) por el uso de bragas. Y las de Obelix eran de encantadoras rayas azules y blancas.

Los romanos acabaron adoptando la prenda y la palabra. Extendieron su uso allá por donde sembraron Imperio, y, con el tiempo, se convirtió en una prenda interior, solo para mujeres, y fue reduciento su tamaño hasta hacerse tan diminuta que a mí a veces me cuesta encontrarlas 🙂

Este hallazgo de las bragas de Obelix lo he hecho en un curioso libro sobre el origen de las palabras escrito por Virgilio Ortega y publicado por la editorial Crítica: “El fascinante juego de las palabras”.

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