Este verano, elige una tribu para tus hijos

ninachanclas

Una niña penan en una barca de juncos, Sarawak, Malasia © Andy Rain/Nick Rain/Survival

 

“Tener hijos en común y en colectivo”, propone Ana Gabriel, diputada de la CUP, como hacen en las “tribus”. Su propuesta ha hecho hervir sapos de colores, y hasta hay quien le propone que se largue al Amazonas, como si ir al Amazonas fuera algo horrible. Pero tribu somos todos. Una tribu es un grupo social que comparte costumbres (sean las que sean), existen desde el Neolítico, y son indelebles al humano.

Nosotros hemos caído en esta, una tribu “civilizada”, con niños que juegan poco al aire y mucho online, hacen deporte solo como actividad “extra”, y pasan los veranos en campamentos donde aprenden a cultivar un tomate entre diez. No olvido que nuestra tribu tiene cosas grandes: calefacción, diez tipos de yogures diferentes en el súper  y, más alla de frivolidades, el claro descenso en las cifras de mortalidad infantil que procura una sociedad como la nuestra.

A pesar de esto yo, y no soy la única, echo de menos cosas de otras tribus. “Cuanto más tradicional y antigua es una sociedad, más rica es la vida”, declaraba Francisco Giner Abati, antropológo y catedrático de la Universidad de Salamanca, al diario El Mundo.

Giner Abati lleva desde los años 80 estudiando las tribus primitivas. Y hace un ranking de felicidad. Los humanos más felices del mundo, dice: “los bosquimanos y pigmeos de África, los hadzas de Tanzania y otras tribus cazadoras de Madagascar o la Isla de Pagan, en Filipinas”. A la cabeza de los infelices, según el antropólogo, estamos nosotros: “Japón, los países nórdicos, EEUU y Europa”.

Así, y considerando el riesgo de idealizar la vida sin zapatos, a mí me gustaría ser más “tribu”.

NIÑOS DE OTRAS TRIBUS (fotos e información de Survival)

Los Bakas y las canciones de un padre

© Salomé/Survival

© Salomé/Survival

Los padres bakas pasan aproximadamente la mitad del día cerca de sus bebés, y a veces incluso ofrecen sus pezones para que el niño los chupe cuando llora y la madre u otra mujer no están disponibles.  “No es nada raro despertar en la noche y escuchar que un padre le está cantando a su hijo”, explica el antropólogo americano Barry Hewlett, que ha vivido con los bakas durante años.

Los bakas son conocidos también en el congo por los nombres de Bayaka (Bebayaka, Bebayaga, Bibaya), son un pueblo perteneciente a las tribus pigmeas.

 

AWÁS: Con mi mascota cerca

© Domenico Pugliese/Survival

© Domenico Pugliese/Survival

Se desplazan de noche por la selva amazónica con antorchas de resina. Son los awás, sumamente amenazados, uno de los dos únicos pueblos indígenas nómadas y cazadores-recolectores que quedan en Brasil. 

Los awás esperan a que sus hijos alcancen la edad en la que se presenta un nombre adecuado antes de decidir cómo se llamarán.  Tienen un estrechísimo contacto con otras especies, sobre todo monos. Las mujeres awás dan de mamar a crías huérfanas de monos y de otros animales, como el agutí, un roedor de América del Sur. Conviven con ellos como parte de la familia.

BAJAUS: La vida en el mar

© James Morgan (http://jamesmorganphotography.co.uk)/Survival

© James Morgan (http://jamesmorganphotography.co.uk)/Survival

Un niño con gafas submarinas de madera hechas a mano se agarra de la cola de un tiburón nodriza pardo que le arrastra a través de las aguas superficiales del Mar del Sur de China. Los bajaus de Sabah, Sulawesi, pueden sumergirse hasta 20 metros de profundidad para la caza de peces, perlas y pepinos de mar en el fondo submarino. Están sumergidos un 60% del tiempo que pasan en el agua, casi tanto como las nutrias.

 

MONGOLES: A caballo antes de andar

olimpiadas7

Los mongoles se definen a sí mismos como el pueblo de los cinco animales: caballos, ovejas, cabras, camellos y ganado. A menudo se enseña a los niños a montar tan pronto como empiezan a caminar, en monturas de cuero con grabados en plata que se traspasan de generación en generación. Durante el festival de naadam, niños de solo cinco años recorren en caballo, sin montura y descalzos, hasta 30 km de la estepa de Mongolia.

 

AUSTRALIA. Los persona (Pitjantjatjaras)

© Alastair McNaughton / www.desertimages.com.au

© Alastair McNaughton / www.desertimages.com.au

En el calor resplandeciente del desierto del centro australiano, los niños aborígenes pitjantjatjaras dan volteretas y giran en una exhibición de sus habilidades acrobáticas. Son un pueblo aborigen australiano que vive en los desiertos occidentales de Australia Central, entre el noroeste de Australia Meridional y la frontera del Territorio del Norte, al sur del lago Amadeo. Se llaman a sí mismos anangu, que significa probablemente ser humano o persona en idioma pitjantjatjara

 

 

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Así es el cerebro de un maltratador

1. Las áreas del cerebro que mostraron diferencias significativas entre los grupos que participaron en el estudio (maltratadores a sus parejas o exparejas y otros delincuentes) tras someterse a una Resonancia Magnética Funcional

Las áreas del cerebro activas cuando los maltratadores veían imágenes de violencia contra mujeres.

Esta imagen es el resultado de una Resonancia Magnética Funcional del cerebro de hombres maltratadores cuando observan una imagen violenta contra una mujer. Acaba de llegar desde la Universidad de Granada. Es el resultando de un estudio que desarrollan investigadores del Centro Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de esta universidad. Y este es uno de los tres únicos estudios científicos en el mundo de este tipo.

Una de las principales conclusiones es que el cerebro de los maltratadores funciona de modo distinto al de otros delincuentes cuando observan imágenes de violencia de género. Ante ellas, se activan áreas cerebrales específicas, las que muestra la imagen superior. Mayor activación en la corteza cingular anterior y posterior y en la corteza prefrontal medial, y una menor activación en la corteza prefrontal superior ante imágenes de violencia de género con respecto a imágenes de contenido neutro.

Estas imágenes, según los investigadores, podrían explicar algunas de las alteraciones psicológicas que describen los maltratadores cuando se enfrentan a su compañera sentimental, como estrategias de afrontamiento desadaptativas, problemas en la regulación emocional en forma de obsesiones sobre la pareja, estados de ánimo como miedo, ira o rabia, miedo a ser abandonados, e inestabilidad afectiva repentina en forma de aumento de la ansiedad.

El catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada y responsable principal de esta investigación, Miguel Pérez García, investiga desde hace años el funcionamiento mental y cerebral de los maltratadores, así como el perfil de reincidencia de los mismos. A su juicio: “los resultados de estos estudios podrían tener implicaciones importantes para una mejor comprensión de la violencia contra las mujeres, así como de las variables que se relacionan con la reincidencia de los maltratadores”.

 

1. Las áreas del cerebro que mostraron diferencias significativas entre los grupos que participaron en el estudio (maltratadores a sus parejas o exparejas y otros delincuentes) tras someterse a una Resonancia Magnética Funcional

1. Las áreas del cerebro que mostraron diferencias significativas entre los grupos que participaron en el estudio (maltratadores a sus parejas o exparejas y otros delincuentes) tras someterse a una Resonancia Magnética Funcional

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Los bebés son corruptos. Se venden por 8 galletas.

 

Imagen de uno de los experimentos del Infant Cognition Center en la Universidad de Yale

Imagen de uno de los experimentos del Infant Cognition Center en la Universidad de Yale

El experimento que han diseñado Tasimi y Wynn, psicólogos del famoso “Baby Lab” de la Universidad de Yale, es muy simple, pero tiene su enjundia. El objetivo era responder a esta pregunta: ¿Venderán los bebés su alma a un mal tipo por una buena ración de galletas?

Los bebés del estudio tienen entre 12 y 13 meses. La escena: una marioneta gatito trata de abrir una caja de plástico, y se esfuerza. A su lado, dos perritos marioneta, el bueno y el canalla. El bueno le echa una mano al gatito y la caja se abre. El malo, salta una y otra vez sobre la tapa para que no lo consiga. Y bien…. La escena no es que dé para un peliculón, pero como experimento, sirve.

Después de la acción, perro bueno y perro malo ofrecen galletas al bebé. Cuando el perro bueno ofrece una galleta, y el malo dos, los bebés no dudan: Un 80% toma solo una galleta, la que le ofrece la marioneta con buen corazón. Pero, ¿qué ocurre si la cuantía se incrementa? El malhechor no tiene límites en su oferta, y en todos los bebés se aprecia un dilema antes de elegir, pero, finalmente, cuando la oferta supera las 8 galletas, la moral se retuerce y los bebés muestran una mayor tendencia a vender su alma.

En un experimento anterior realizado con niños de entre 5 y 8 años, con una oferta de pegatinas, el cisma ético se producía a partir de la pegatina número 16.

Los experimentos del Baby Lab sobre la moral son muy numerosos e interesantes. Escudriñan ese concepto que el filósofo del s.XVIII, Jean Jacques Rousseau, acuñó para la posteridad: que los humanos nacemos sin un sentido de la moral y que hay que educarnos para que nuestros comportamientos sean éticos. Para Thomas Hobbes (1588-1679) la cosa era aún peor, y ahí quedó:  “El hombre es malo por naturaleza”.

Pero el psicólo de Yale, Arber Tasimi, con sus experimentos discute a Rousseu, y encuentra pistas de una moral innata, que traemos con nosotros al mundo por el mero hecho de ser humanos, y advierte que hay que mimarla, educarla y conocer sus límites. “Queremos entender cómo somos los seres humanos antes de ser nada, antes del lenguaje, antes de la cultura, antes de cualquier influencia exterior”, explica Tasimi y destaca un detalle del experimiento que para mí es lo mejor: Hay algunos bebés que siempre, en todo caso, por más galletas que se pongan sobre la mesa, siempre se quedan con una, la única que les ofrece el buen tipo del experimento.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest